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A 42 años de la noche más oscura y sangrienta de la historia argentina

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Cómo se vivió en la ciudad de Neuquén las primeras horas del 24 de marzo de 1976, el día en que se inició el genocidio perpetrado por la dictadura militar que sumió a la Argentina en el horror más cruento de su historia, contado por el periodista Pablo Montanaro para continuar ejercitando la memoria.
En las primeras horas del 24 de marzo de 1976 en Neuquén, Ramón Jure y Orlando Balbo sufrieron la ferocidad de las fuerzas represivas que comenzó a desplegarse en la vida cotidiana y, sobre todo, en los centros de detención y tortura.

Por Pablo Montanaro

Dejen abiertas las puertas de la Catedral, que alguien vendrá a refugiarse”. Las palabras del obispo de Neuquén Jaime De Nevares resonaron contundentes y premonitorias la noche del 23 de marzo de 1976 de lo que iba a ocurrir al día siguiente. Los diarios y las radios ya habían anunciado la inminencia del golpe militar que se concretó a las 0:50 con la detención de la presidenta Isabel Martínez de Perón.

Don Jaime temía por la suerte que podían llegar a correr los perseguidos por una dictadura militar, una más de las tantas que sufrió la Argentina pero la más sangrienta por sus consecuencias: 30 mil personas detenidas-desaparecidas y 500 niños apropiados mediante un plan sistemático de robo de bebés. Y al mismo tiempo, con el concepto ideológico de atacar toda resistencia militante, sindical y política, utilizando la herramienta del terrorismo de Estado como método para lograr esos objetivos.

Durante la madrugada de aquel 24 de marzo, pocos neuquinos estaban enterados del golpe militar. Horas antes se habían acostado luego de escuchar por la radio o de ver por la televisión el partido en el que River Plate le ganó 2 a 1 a Portuguesa de Venezuela por la primera fase de la Copa Libertadores de América. Las crónicas periodísticas daban cuenta que la pelota sumergió a todos en el partido disputado en el estadio Monumental sin que nadie sospechara, imaginara que no muy lejos de allí, un grupo de militares ultimaba los detalles de una jugada siniestra.

Madres de Plaza de Mayo filial Alto Valle en una actividad en una escuela de la provincia. Imagen Facebook `Madres de Plaza de Mayo Neuquén y Río Negro`.

El periodista Mario Cippitelli describió la llegada de los militares a la Casa de Gobierno esa madrugada del 24 de marzo de 1976:

Un grupo de vehículos militares y civiles llegó a la Casa de Gobierno de manera intempestiva y sin ningún disimulo. Eran las 3 de la madrugada de aquel miércoles 23 de marzo de 1976. De los autos y camionetas que estacionaron en la calle Roca se bajaron varios militares armados y se encaminaron a la puerta ubicada en medio del edificio, debajo de la torre de reloj. En aquella época esa puerta era la entrada de la residencia que tenían disponibles los gobernadores. Felipe Sapag, ganador de las elecciones en 1973, no la utilizaba ya que hacia un par de años había terminado de construir su casa sobre la calle Belgrano, a pocas cuadras de la Gobernación. El que vivía allí era el mayor de los hijos del mandatario, Luis, un ingeniero de 28 años, junto con su esposa y su hijo recién nacido. Luis se despertó cuando escuchó las frenadas y los movimientos en la calle. Se vistió a las apuradas y abrió la puerta. Un teniente coronel se presentó y le explicó la situación. Le dijo que los militares habían tomado el poder del país y que en Neuquén tenían que hacerse cargo de la Casa de Gobierno, por lo que debía desalojar la residencia. El joven Sapag le pidió que le dieran tiempo porque estaba con su mujer y su bebé. El militar concedió el pedido, pero le puso como límite las 7 de la mañana.

Luis llamó por teléfono a su padre. ‘¿Usted está bien?’, le preguntó Felipe, quien ya estaba al tanto de la situación. ‘¿Su hijo está bien?’, repreguntó el caudillo preocupado. Cuando Luis lo tranquilizó, el gobernador respiró profundo, pero le pidió que cuanto antes se fuera de allí”.

Orlando 'Nano' Balbo durante los juicios por delitos de Lesa Humanidad en Neuquén. De profesión docente, durante la decada del 70 participó de experiencias de educación popular en barrios obreros de Neuquén Capital y Centenario. Fué militante del Peronismo de Base.

Primeros secuestrados

En la ciudad de Neuquén, uno de los primeros detenidos durante la madrugada del miércoles 24 de marzo, no bien los militares tomaron el poder con las armas, fue Ramón Jure, un militante de la Juventud Peronista. Eran las 2 cuando el comisario de la Policía Provincial, Manuel Arias, junto a un teniente del Ejército y un grupo de militares y policías uniformados irrumpieron en la vivienda de Buenos Aires al 1000, donde Jure dormía junto a su esposa y sus dos hijos, Jorge (10 años) y Elisa (12 años). “Dónde están las armas”, preguntaban a los gritos mientras dos oficiales interrogaban a Jure ante la mirada de espanto de su mujer y sus hijos. Luego Jure fue subido a una camioneta del Ejército y llevado a la Comisaría Segunda y de ahí a la Unidad Penitenciaria Federal 9 (U9), donde se registró su ingreso y quedó a disposición del Comando de la VI Brigada de Montaña.

A la U9 llegó el agente civil del Ejército Raúl Guglielminetti, quien subió a la víctima a un Ford Falcon y lo llevó hasta la delegación de la Policía Federal, ubicada en la calle Santiago del Estero. Durante algo más de una hora, interrogó a Jure sobre sus compañeros de militancia y fue golpeado por dos sujetos que acompañaban al “Mayor Guastavino”, como se hacía llamar Guglielminetti. Más tarde, Jure fue llevado de nuevo a la U9, donde compartió celda con otros detenidos políticos.

Ese día del 24 la ciudad había amanecido con un sol radiante pero algo fresco como anuncio del invierno. La calle Belgrano estaba cortada en ambas esquinas; policías y militares armados se ubicaron detrás de los árboles y de los autos estacionados esperando el momento para actuar ante la mirada desconcertada de los empleados de una empresa estatal.

A las 9, el grupo de hombres armados irrumpió en la casa del maestro Orlando “Nano” Balbo, en Belgrano al 400, quien desde 1973 se desempeñaba como secretario de la diputada provincial del Frejuli, René Chaves.

Ramón 'Turco' Jure, un militante de la Juventud Peronista que desde el 'espaldazo' a Ongania hasta su fallecimiento, ocurrido en noviembre de 2011, fue una figura clave y trascendente de la política neuquino.

Como lo hiciera horas antes en la casa de Jure, el operativo era encabezado por Guglielminetti, quien apuntó a Balbo con una ítaca. Después de dar vuelta la casa, los hombres armados sacaron a Balbo a la calle y lo arrojaron contra una pared. En ese instante, el docente pensó que semejante despliegue de hombres armados “no era tanto para capturar a un gil” como él, sino que la finalidad era “aterrorizar a la población”.

Lo metieron en un Peugeot color crema donde lo acostaron boca abajo y debió soportar los pisotones de sus captores. Cuando el auto se detuvo, Guglielminetti le tapó los ojos a su “presa” que, a pesar de todo, observó que entraba a la delegación de la Policía Federal. Lo llevaron a un sótano, donde le vendaron los ojos, lo desnudaron y lo ataron a una silla metálica con las manos esposadas en el respaldo.

Durante toda esa mañana recibió golpes cada vez más violentos hasta que comenzaron con la picana. “¿Dónde está René?”, le preguntaron y ante el silencio, Guglielminetti hacía una seña para que continuaran con la tortura. En el sótano de la sede policial, Balbo fue torturado hasta dejarlo sordo y luego trasladado a la cárcel de Rawson.

Ese 24 de marzo de 1976 para Balbo se había instalado en el país “el terror encubierto en un plan criminal que tenía como eje central impedir cualquier reacción de la gente”.

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