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El sur también existe

8 min de lectura
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Pese a que lo hace con naturalidad, dice que tocar tango es complejo, tan complejo y académico como una sonata de Mozart o una suite de Bach. Usa lentes y se acomoda el pelo permanentemente, se mueve, toma aire, habla. Su discurso está muy bien aceitado. La experiencia devenida en trayectoria genera eso: naturalidad en la exposición. Para colmo tiene un dejo maradoniano en su forma de exponer. En los 55 minutos que estuvimos dialogando con él tomamos nota de por lo menos 8 títulos que podrían encabezar muy bien esta entrevista. Su nombre es Enrique y su apellido Nicolás, un tanguero al que vale la pena escuchar, tanto cuando habla, como cuando toca.

Enrique Nicolás escucha tango desde pequeño. Su padre, un violinista y melómano cordobés, lo introdujo de pequeño en el mundo de la música. El primer día le mostró el jazz, al séptimo encaró con el tango. Salgan, Troilo, Pugliese, para ponerlo con apellidos de maestros.

Cuando le compraron el piano lo primero que hizo fue tocar tango, pero el profesionalismo le llegaría más tarde, mientras tanto se formaría para tocar la “diversidad”. Al tango se lo había cruzado pero no para tocarlo, véase sino la paradoja: a los 13 años estudió con Salgan – uno de los más grandes maestros del género-, pero Horacio lo entrenó en “armonía” y no en el arte del 2×4.

A Neuquén llegó en el 87’ y a Rubén Juárez lo conoció en el 99’ en la pizzería de Yayo Cinquegrani. Ahí, por amistad con el dueño, tocaba generalmente los fines de semana por la noche. Un viernes, cuando se preparaba junto a su esposa para ver a Rubén, Yayo se lo presentó. Le dijo al gordo que Enrique era un pianista local. Juárez, que al parecer le vio pinta, esa noche lo invitó a tocar y el concierto cerró recién al día siguiente a las siete de la mañana luego de una apasionada conversación sobre la vida y el arrabal. Su esposa dice que fue sin alcohol, pero nosotros, periodistas entrenados en el noble arte de la desconfianza, descreemos de la veracidad de la afirmación.

Desde ese encuentro decidió tocar y estudiar tango. Se reconoce como un autodidacta. Afirma que existen varias maneras de tocar y que él eligió su estilo propio investigando, mediante el ensayo y el error, descifrando algunos misterios, siempre tocando de la manera que a él le parecía que había que tocar.

En el día de la entrevista en el estudio de trabajo de Enrique. En la foto con Irene Buchter.

Frente a la pregunta ¿dónde piensa que está el tango hoy? Nos dice que “en propuestas nuevas que siguen tocando tango y buscando nuevos colores, nuevos sonidos. A lo mejor, estableciendo otra armonía como a veces hago yo en los arreglos. Y hay orquestas diseminadas por el país…” Considera que hay artistas jóvenes, nuevos, frescos y muy buenos. Por mencionarnos solo algunos ejemplos identifica a Cristian Zárate, Hernán Possetti y Nicolás Ledesma.Algunos tienen 40, otros 45 y otros treinta y pico, pero que siguen en la línea del tango, de crear respetando el género, pero buscando cosas nuevas, o sea, evolución no destrucción”.

En cuanto al resguardo del tango como patrimonio cultural dice:Sería bueno que empecemos a tocar lo nuestro y a que apostemos a que nuestras orquestas que tocan la música nuestra estén por todos lados y sean oficiales porque es la forma de crecimiento”. Reconoce que en la provincia del Neuquén hace unos años que tienen apoyo para desarrollar diversos proyectos de promoción del tango, pero considera que aún queda por hacer y que los gobiernos en todos sus niveles deberían trabajar más para fomentar el tango, por ejemplo, formando una orquesta provincial que pueda trasladarse por la provincia y por la Patagonia.

"Enrique piensa que los arregladores tienen la difícil tarea de terminar la obra de sus maestros y para eso se entrena cinco horas por día, en ocasiones especiales, mucho más. Pero eso para él no es un problema ya que al tango lo disfruta mucho más cuando lo toca que cuando lo escucha."

Nosotros fuimos a verlo un sábado temprano y se notaba que su mañana, pese a la lluvia torrencial con la que nos recibió, había comenzado mucho antes que la nuestra. Al entrar a su sala lo primero que vemos es su piano. Una magnifica pieza de Sebastien Erard que su padre le regaló cuando tenía 12 años. Si fuera rock ambos hubiéramos movido los pies, pero es tango, el cielo está gris y llueve, por lo que su gentileza se convierte prácticamente en una invitación al llanto o la añoranza del amor perdido.

En su sala también hay mezcladores, micrófonos y computadoras. Está todo preparado para grabar o registrar los ensayos. Las tomas que se hacen son prácticamente idénticas a lo que se escucha. Brevemente, Enrique se ciñe al procedimiento de grabación y comprueba su calidad en la computadora del costado izquierdo del Sebastien Erard.

Enrique no es gaucho sino tanguero. Su rubro gira en torno a la noche y al café, por lo que la charla continúa pese al mate frío…

Contrabajeando

Tango de Astor Piazzolla y Anibal Troilo. Grabación de ensayo, 17 de junio de 2017 en estudio propio. Carina Moreno y Maximiliano Poles (violines), Nicolás Malbos (bandoneón), Ezequiel Nicolás (contrabajo), Enrique Nicolás (piano, arreglos y dirección)

MicroBio

Nombre y apellido

Enrique Nicolás

Edad

59 años

Hijos

2

Hincha de…

River

Cantante preferido

Rubén Juarez.

Una orquesta

La de Horacio Salgan

Un tango para escuchar

“Contrabajeando”

Un tango para compartir

“El choclo”

Un libro

“Los Siete Locos” de Roberto Arlt

Próxima presentación

9 de diciembre a las 21:30 hs.

“Del Parque”

Parque Industrial Neuquén.

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