Back

Ideas para pensar Brasil: una mirada alternativa

15 min de lectura
Imprimir

Por Franco Consiglio, Lic. en Ciencias Políticas, Universidad Nacional del Comahue.

El pasado domingo se realizaron en Brasil las elecciones presidenciales en las que la característica principal de un proceso totalmente anormal estuvo dada por la proscripción del ex presidente y principal referente del Partido de los Trabajadores (PT) Lula Da Silva, quién recordemos se encuentra detenido en el marco de una causa en la que no pudo encontrarse siquiera una prueba de la supuesta compra de un departamento que no estaba a su nombre.

En ese contexto el candidato de ultra derecha Jair Bolsonaro del Partido Social Liberal (PSL) obtuvo el 46,03% de los votos y triunfó en la primera vuelta seguido por Fernando Haddad del PT que alcanzó el 28,28%. Ambos candidatos son quienes obtuvieron el pasaje a la segunda vuelta electoral, aunque una diferencia del 18%, mas la división de la oposición brasilera hace difícil pensar en que pueda revertirse la tendencia de la primera elección.

La segunda vuelta está convocada para el próximo 28 de octubre, adonde además de la elección presidencial, se definirá la de algunos Estados que también necesitaron de esta instancia.

Ahora ya sabiendo el resultado de la primer contienda, no parece simple responder al interrogante de porque ganó y por tan amplio margen un candidato caracterizado como reaccionario, sexista, homofóbico, fascista y sobre todo, un ferviente defensor y reivindicador de la dictadura militar brasilera, que no ha tenido empacho en declarar abiertamente sobre estos temas a lo largo de su carrera, y no solo ahora, como hemos podido ver en los últimos días en que se difundieron videos o fragmentos de sus declaraciones por diversos medios y redes sociales.

A priori surgen mas preguntas, que considero que se van a mantener abiertas por un tiempo, que certezas, sin embargo trataré de adelantar algunas hipótesis respecto a lo sucedido.


“Muchos votantes del PT y de Lula no se sintieron representados, o más allá, ejerciendo algún modo de protesta o desacuerdo decidieron no acudir a las urnas, haciendo caer el piso del caudal de votos petistas…”


 

Sin duda un primer motivo como adelanté es la proscripción de Lula, que resulta fundamental, ya que encabezaba las encuestas de opinión hasta el momento de su detención, incluso aún después. Sin embargo, deviene en simplista reducir todo el resultado a esa situación, e incluso pecaría de ingenuo cualquier analista en considerar que un 20% que pensaba votar a Lula, al no presentarse, volcó sus votos a un dirigente totalmente opuesto como Bolsonaro, situación que resulta aún mas improbable cuando vemos el magro 15% que obtuvo Dilma Rousseff en su distrito (Mina Gerais), que la colocó en un cuarto lugar y la dejó fuera del senado, demostrando que la segunda gran líder a nivel nacional del PT no fue elegida por el pueblo brasilero de modo masivo.

De la lectura de los datos finales de la elección brindados por el Tribunal Superior Electoral (www.tse.jus.br) surgen algunos datos que pueden arrojar una de las posibles respuestas para que el Partido de los Trabajadores haya caído en su caudal de votos. Concluido el conteo de los votos de la primera vuelta estos arrojaron que asistieron a votar el 79.67% de los brasileros, un porcentaje que roza el 80% de participación no resulta nada despreciable. Los votos válidos fueron equivalentes al 91,21%, es decir que prácticamente toda la gente que se acercó a votar emitió un voto considerado positivo o válido y seleccionó a alguno de los candidatos. No obstante,  los votos nulos fueron unos siete millones, equivalentes al 6,14%, y los votos blancos sumaron 3 millones equivalente al 2,65%.

Y acá es adonde aparece el verdadero número significativo que puede ser una de las razones que nos explique lo que sucedió en Brasil: la abstención fue de 29.941.265 electores y representó el 20,33% de los habilitados a votar, es decir, que casi 30 millones de brasileros no fueron a votar, y bien podría señalarse como una de las causas en muchos de esos no votantes la ausencia de Lula Da Silva como opción y la no representación de los partidarios del ex presidente y el partido de los trabajadores con Haddad. Si a la abstención le sumamos los votos nulos y blancos, esa cifra redondea un total de casi 40 millones de personas que no fueron a votar, o no eligieron a los candidatos.

Esta es una primera hipótesis, muchos votantes del PT y de Lula no se sintieron representados, o más allá, ejerciendo algún modo de protesta o desacuerdo decidieron no acudir a las urnas, haciendo caer el piso del caudal de votos petistas y, por ende, aumentando los márgenes de diferencia con el partido ganador. Motivo uno, Haddad no es Lula, y eso puede explicar la baja del PT.

Elecciones en Brasil: Haddad ya suma apoyo para derrotar a Bolsonaro en el ballottage

BRASILIA (AFP).- Ayer, ni bien conocidos los resultados finales de las presidenciales en Brasil , en las que el ultraderechista Jair Bolsonaro sacó más de 46 por ciento y ahora deberá ir a segunda vuelta con el izquierdista Fernando Haddad (29%), Ciro Gomes del PDT, tercero en los comicios, dio pistas de su elegido para el 28 de octubre.

Pero como mencione anteriormente, esto no puede explicar ni justificar el ascenso de Bolsonaro, uno puede pensar que los votos petistas se dividieron en otras opciones o directamente no fueron a las urnas, pero de ninguna manera se puede pensar que un amplio margen de votos de Lula se trasladó al candidato del Partido Social Liberal. No es ahí adonde radica la causa de que un candidato que tenía el 39% de intención de voto hace poco tiempo se haya alzado con algo más del 46%.

La búsqueda de respuestas sobre este resultado nos puede hacer pensar en la unión de dos o tres temas, que se plantean acá como hipótesis justamente porque no pueden ser hoy más que eso, al menos con las herramientas de análisis que contamos.

La pregunta es la mencionada mas arriba, ¿Cómo justificamos el alto porcentaje de votos de Jair Bolsonaro?

Una de los posibles respuestas podría estar definida por una elección de la población de un político que podríamos considerar “antisistema”, y con ese termino me refiero a personas que no provienen directamente del sistema político, y que cuando penetran en él, lo hacen desde un afuera, sumamente crítico, caracterizándolo siempre como corrupto, lento, ineficaz. Sin duda es Donald Trump el ejemplo mundial mas cabal al respecto, quién tuvo entre las claves de su triunfo, poder convencer a todos los estadounidenses de que no se dejen engañar por la fachada feminista y progresista de Hillary Clinton, que ella era un producto de la vieja política, que tenia todo sus vicios y defectos y que había sido parte importante y definitoria de las masacres cometidas por EEUU en los conflictos mundiales tanto en la administración Bush como en la de Obama. En un acto proselitista le dijo a los presentes: ¿Van a votar a una republicana solapada o un autentico? Y se mofaba a menudo de que la fundación Clinton ponía mayor énfasis en proteger elefantes en África que en proteger a los norteamericanos.

En Argentina y Chile gobiernan hombres provenientes del mundo privado – empresarial, que tal vez también reúnan algunas de esas características de antisistema descriptas brevemente recién, sin embargo resultan poco comparables en cuanto al populismo demagógico que encarnan el ya casi nuevo presidente brasilero y Trump.

Para cerrar esta idea, no debería dejar de alarmarnos a los argentinos que se esté mencionando y en algunos casos se vea con buenos ojos, la candidatura presidencial de Marcelo Tinelli en 2019.

Por ultimo, una ultima hipótesis tiene que ver con el papel central que los medios de comunicación dominantes le dieron al candidato Bolsonaro, primero creando e instalando una agenda vinculada a los temas que ellos y el candidato definieron como principales, y que en muchos casos, por una cuestión que yo vincularía a lo que se denomina muchas veces en Argentina como una “batalla cultural”, terminan convirtiéndose en las únicas verdades posibles. Entre los principales temas: inseguridad, narcotráfico y corrupción. Mas allá de que la influencia mediática casi no se discute por estos tiempos en ninguna parte del mundo, Brasil tiene una particularidad, que a la luz de los hechos parece convertirse en un factor imposible de ser marginado para quien pretenda conocer la realidad de los que sucedió allí.

Los medios de comunicación y las iglesias evangélicas (y la vinculación entre ambas) tuvieron un lugar central en el resultado del último fin de semana. Un tercio de la población de Brasil es hoy evangélica, y se estima que el 46% de ellas brindó de manera pública y activa su respaldo a Jair. Nadie que quiera entender hoy Brasil, puede mantenerse al margen de lo que sucede con sus iglesias evangélicas.

Bolsonaro es quien mejor defiende nuestras banderas contra el aborto y la llamada ’ideología de género’, la defensa de la familia tradicional y de las buenas costumbres”, dijo Josimar da Silva, presidente del Consejo de Pastores Evangélicos de Brasilia.

En Brasil, la Iglesia Universal del Reino de Dios, fundada en 1977 por Edir Macedo y Romildo Ribeiro Soares, con seis mil templos en todo el país, convocó abiertamente a respaldar en la elección al ex capitán del ejército Jair “Mesías” Bolsonaro y puso a su disposición el oligopolio mediático de la Red Record para imponer su candidatura en el imaginario colectivo. (Mesías es el nombre que el candidato aceptó en su bautismo en Israel en 2016 cuando fue nombrado justamente como el mesías de los evangélicos brasileros).


Los medios de comunicación y las iglesias evangélicas (y la vinculación entre ambas) tuvieron un lugar central en el resultado del último fin de semana. Un tercio de la población de Brasil es hoy evangélica, y se estima que el 46% de ellas brindó de manera pública y activa su respaldo a Jair.


 

La Iglesia Universal del Reino de Dios es una maquinaria poderosísima de recaudar dinero que controla Record, la segunda cadena de televisión del país (Vale mencionar el papel que también tiene en nuestro país la misma iglesia y en nuestros medios). A quienes se encuentren interesados en conocer mas sobre este tema los invito a mirar el documental “Nada que perder”, que describe la historia y el ascenso de Macedo en Brasil, y sobre todo, lo que fue sucediendo hasta que la Iglesia Universal de Dios se apoderó del segundo conglomerado de medios de comunicación mas importante de Brasil, junto con la cadena O Globo tv.

Bolsonaro tiene un pensamiento cristiano: defiende la familia tradicional, está contra el aborto, la ideología de género y es un candidato honesto. Después de toda la corrupción de los últimos años, ese es un factor de peso”, dijo Ulisses de Almeida, pastor de la Asamblea de Dios.

Publicó www.nodal.am días previos a la elección referido a este tema:Esta iglesia tiene su propia tropa uniformada, los llaman Gladiadores del altar, que marchan a paso marcial. En 2015 irrumpieron en parques y plazas de Porto Alegre, Goias y Fortaleza con camisetas verde musgo y pantalones oscuros, más una inscripción en el pecho que decía: Yo positivo. Son soldados de la fe que siguen hoy a Bolsonaro, inoculando el virus de la intolerancia y el racismo. Brasil por encima de todo, dios por encima de todos, es su slogan principal.

Para entender la profundidad e importancia de este tema, la dimensión del mismo, basta con mirar a nuestro país hace unos meses atrás, ubicarnos en el momento en que se dio el debate y la lucha por el aborto, o algunos años atrás cuando sucedió algo similar con el matrimonio igualitario, y tratar de pensar como hubiesen sido los mismos si una iglesia evangélica con una representación nacional controlara el segundo oligopolio de medios de Argentina.

Por otra parte, este control de la agenda mediática, dominada también permanentemente por un perverso ataque a Lula y desprestigio al PT, sobre todo con el eje puesto en la corrupción de su gobierno y el de Dilma, fue también lo que permitió el vergonzoso golpe de estado a Rousseff disfrazado de “impeachment” y la creación de un ambiente propicio para la llegada e instalación de las ideas fascistas de Bolsonaro.

Estas hipótesis breves son algunas posibles respuestas de lo que sucedió el domingo en Brasil, se abren demasiados interrogantes sobre que va a pasar si a fines de octubre se confirma lo que parece inevitable, más allá del llamado y pedido de algunos referentes mundiales a no votar a favor de la extrema derecha en la segunda vuelta. De lo que no quedan dudas, y que se puede adelantar, es que un triunfo de Bolsonaro significará un golpe de knock out a la democracia y al estado de derecho brasilero y pondrá freno al desarrollo de la integración política y económica de Sudamérica. Todo conduce a pensar que se afianza definitivamente con Brasil, el rumbo hacia una derechización de los gobiernos de esta parte del mundo.

Publicar Comentario