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HOJAS DE OTOÑO

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Todas las hojas son del viento

ya que las mueve hasta en la muerte

Todas las hojas son del viento

menos la luz del sol

Todas las hojas son del viento – Luis Alberto Spinetta

La naturaleza de mi biblioteca tiene su ciclo (deforme, casi espiralado) y a algunos libros les llega su otoño; después de alguna lectura dejan caer sus hojas. De ellos, el vapuleado “Cosecha roja” de Dashiell Hammet, en la edición de Alianza ha perdido páginas en cada lectura. Así y todo, sigue siendo genial y hoy preside la parte de la biblioteca destinada a “los policiales”. La tapa, además de tiros, ha recibido algún que otro golpe de knock-out pero sigue vivo, agonizante. Su primera página recuerda, en lápiz, que me costó $9 a comienzos de los ’90.

De esa época, también es “Aventuras prohibidas” de Enrique Medina, que compré a $3.50. La edición es de Puntosur y de 1988. Este, presenta desde su compra un divorcio entre tapa y cuerpo, que alguna vez intenté unir con un engrudo de harina y agua cocida aprendida en alguna clase de Manualidades de la escuela. “Aventuras prohibidas” se resiste a dejar caer sus hojas como si un gancho las retuviera desde el lomo.

Otro libro al que le han volado algunas hojas, como buscando otros suelos, es “Invitación al abismo”, una antología de textos de Enrique Symms publicados en Cerdos y peces, cuando era un suplemento de la revista El porteño. Fue editado por Espasa-Calpe, la primer editorial en hacer libros de bolsillo en castellano, unos pocos años después que Penguin, la primera en vender libros “al precio de un atado de cigarrillos”.

El libro de Symms pertenece a una colección que tuvo la curiosidad de reunir en su comité a Fito Paez, Rep y Jorge Lanata, en una época en que todos los estudiantes de periodismo queríamos ser como él.

También tengo un renovado ejemplar de “Guitarra negra” de Luis Alberto Spinetta, porque a las hojas de la edición de 1995 se las llevó el viento. Aunque me dejaron esparcidos algunos versos:

algunas hojas brillantes caen indistintamente alrededor

ahora comprendo que el suave viento precipita la caída de las gotas apenas imantadas desorientando al oído. sensible concierto; todos esos ruidos circulares y claros disimulan, quién sabe por qué complicidad cofrádica de la noche, la presencia y los pasos de los fantasmas allí convocados.

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