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ACERCA DE LA U9

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  • Por Jorge Alvarez Merino

El cronista entró en la Unidad Penitencia N° 9, por primera vez, en una comitiva reducida de cuatro personas, incluyendo al Oficial Federal que hizo de guía. Fueron los primeros pasos de civiles sin relación con el Servicio Penitenciario dentro de la cárcel. Esa tarde, los presos habían sido trasladados en su totalidad al nuevo alojamiento de Senillosa y, en aquel recinto vacío, solo quedaba el olor, los gatos y un silencio por demás aterrado para la noche de otoño en la que se hizo la recorrida.

El despojo de la partida había dejado las cosas tal como cuando uno sale apurado de su propia casa. En los pasillos se sentía un fuerte aroma a encierro y al internarse en las entrañas de la U9, una densa energía tiraba todo para bajo. Mucho de lo que se veía estaba abandonado: libros, biblias, dibujos, ropa, colchones y girones de la historia personal de cada uno de los internos que, a lo largo de cien años, poblaron la cárcel en cumplimiento de la condena impuesta por el poder judicial.

Fue una experiencia por demás extraña. El gigante dormido aleteaba los últimos resabios de presencia humana y parecía imprimirle movimiento a las cosas que se encontraban en completa “estática”.

Las paredes marcadas mostraban nombres y mensajes en código carcelario, mientras que las celdas, engañosamente vacías, parecían contener reclusos prestos a aparecer ante el más desprevenido de los visitantes. El cronista, completamente absorto por las sensaciones de una experiencia tan singular, no tuvo tiempo de pensar en nada.

Beatriz, una de las militantes que participó de la reunión en la U9.

Poco más de dos meses después de aquella experiencia, el cronista fue nuevamente invitado a recorrer las entrañas de la Unidad Regional del Sur. En esa ocasión, la comitiva estuvo integrada por militantes por los Derechos Humanos, ex detenidas políticas y familiares de desaparecidos durante el último golpe de estado que vivió nuestro país. Allí el cronista recordó que la U9 funcionaba en la dictadura y que en su interior, además de presos comunes, hub también presos políticos.

La recorrida, claro, tuvo otro sabor. Se realizó en la claridad de la mañana, sin medios de comunicación y a efectos de poner en valor el compromiso de resguardar un “Espacio de Memoria” en la confección y diseño del Pulmón Verde que propone el Gobierno de la Provincia de Neuquén.

Al frente de esta comitiva estuvo el Jefe de la Penitenciaría quien debió sortear, con mucha paciencia y también con respetuoso silencio, muchas de las consultas que le hicieron las mujeres de los organismos. Dentro de ese grupo estaba Gladis Sepulveda Gil, otrora militante de las organizaciones “de los setenta”. Por alguna razón, su andar, su mirada e incluso los tiempos que le imprimió al registro de los lugares, le marcaron al cronista un dato singular: ella conocía los espacios que se recorrieron.

Gladis Sepúlveda Gil. Imagen tomada de Facebook.

Gladis ¿cuándo fue la primera vez que estuviste en la Unidad N° 9?

Estuve en la cárcel U9 por primera vez en junio de 1976. Fue en el marco del operativo Neuquén – Cutral Có. Yo fui detenida por la Policía de Río Negro, que alegaba tener ordenes del V Cuerpo del Ejército. Eso fue en Cipolletti el 14 de junio de 1976, al día siguiente fui trasladada a la U9 de Neuquén en un patrullero.

¿Qué sensaciones te generó esta recorrida?

En la recorrida a lo que queda de la U9, me dio la sensación que las paredes me hablaban, el lugar agitaba incesantemente mis recuerdos… ver las rejas mudas, escucharlas sonar una, dos, tres, cuatro veces como diciéndome “estás privada de la libertad”. Pero yo caminaba firme, respondiendo “soy libre” y mis pensamientos y sueños atravesaban las rejas y los candados, convencida de que a las ideas no las pueden encarcelar.

También recordé los testimonios que escuché en los juicios por los crímenes de Lesa Humanidad llevados a cabo aquí en Neuquén. Me vinieron a la memoria las compañeras y los compañeros desaparecidos: Mirta Felisa Tronelli, Cecilia Vecchi, Arlene Seguel, Alicia Pifarre, Susana Mujica, Carlos Schedan, Jorge Asenjo, Javier Seminario… y a los treinta mil desaparecidos también.

Pensé además en la resistencia en Devoto, por el plan de exterminio planificado, el inspector de Devoto nos dijo “de acá van a salir locas o muertas”… pero no lo lograron, te lo puedo asegurar.

¿Cómo imaginás el futuro de la U9?

¡Imagino ese predio con juegos para niños y adolescentes! ¡¡¡una campiña verde donde corretean niños!!! con lugares para reunirse y hacer tareas de conjunto, con árboles donde se pueda leer, con libros aquí y allá. Si se hace un hospital para niños, ¡será muy bienvenido! Lo que no quiero son edificios ni torres.

La comitiva de APDH en la recorrida de la U9.

Crédito de las imagenes: nan nhhl fotografías

Sobre el autor /

Periodista en construcción. Le gusta leer y, al igual que su ídolo, sueña con jugar un mundial.

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