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Caliente gatillo de verano

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En este corto lapso del año nuevo que pareciera de los viejos -no hace falta decir por qué- han sucedido tantísimas hijayuteces: Un adolescente salteño es fusilado por la espalda, una joven bonaerense recibe un balazo en la pierna, quienes disparan son policías fuera de servicio, pero con su arma reglamentaria; una chica es detenida, pasa la noche en la cárcel y a eso se le suma una causa. La razón es haber filmado con su teléfono mientras efectivos policiales golpeaban violentamente a un adolescente y una uniformada le apretaba los testículos; un policía asesina, en defensa propia, a un ladrón mientras este último huía. Sí, cuando alguien se escapa resulta amenazante para la milicia; una joven misionera es violada y encerrada por un hombre (con diversas armas de fuego en su poder) que le había prometido trabajo a través de las redes sociales -en las mismas redes sociales dijeron que seguro “la mina era una viuda negra”.

Una síntesis de los sucesos que he recibido como una dosis de amargura durante esta temporada veraniega. Son algunos hechos que conocemos; hay muchísimos otros que no. Sin embargo, a partir de estos pocos la reflexión queda trunca. El odio y la violencia alimentan estas acciones, pero lo más interesante, para hundirse en nuestro mar argento rabioso, es la reacción de las personas ante esta información. En diferentes portales webs puede apreciarse cómo la mayoría de los usuarios que comentan justifican, mediante falacias, el accionar de los asesinos, los golpeadores y violadores. La víctima es percibida como una amenaza por dialogar en un barrio, por querer denunciar un maltrato, por preocuparse por una persona desconocida, por no tener techo propio, por robar, por querer trabajar y ser del norte.

Muestran el momento en el que Chocobar le disparó al delincuente

El policía Chocobar está procesado por la muerte del delincuente. Macri se solidarizó con él. Foto:Télam. Una cámara registró el momento en el que el policía Luis Oscar Chocobar disparó por la espalda a Juan Pablo Kukoc, uno de los ladrones que el 8 de diciembre atacó a puñaladas al turista estadounidense Joe Wolek en el barrio porteño de La Boca para robarle su cámara de fotos y otras pertenencias.

Ninguno de estos hechos sucedió en la región valletana media. Podrían haber sucedido aquí, pero otras son nuestras cercadas noticias…. perdón, cercanas noticias, aunque el accionar de las fuerzas represivas del Estado es el mismo. A mí pesar pero para la satisfacción de nuestra flameante Miniestra de Seguridad, el actuar policíaco es homogéneo. De los hechos enumerados al principio de este texto, el violador es el único que no pertenece a las fuerzas armadas. Sr. que quedó libre en poquísimo tiempo récord, según él, por viejito (tiene más de ochenta años). En los demás, los efectivos no se han visto perjudicados y, en algunos de ellos, han sido reconocidos y patrocinados por el aparato estatal.

Qué cosas están pasando en Argentina, ¿verdad? Dicen que es por la inflación vertiginosa o por el dólar, que el año que viene se va a treinta pesos, o que somos muchos habitantes pero pocos ciudadanos o por el presidente que tenemos o por la contaminación o por el narcotráfico o por tanto paraguayo, chileno y boliviano que nos viene a quitar el trabajo o por los gobernantes que tienen cuentas en unas islas que ninguno de nosotros visitará jamás. Algo bien hipócrita de nuestra parte porque siempre nos estamos mirando el ombligo, pero ante crímenes escabrosos el ombligo que se mira siempre es el del otro. Si en vez de mirarlo tanto le sacáramos la pelusa, nos daríamos cuenta de que la vida de los demás es también la nuestra. Somos un inmenso animal que al haber dejado de sentir una mano la apoya en el fuego como si ya no fuese parte de su cuerpo. Alguna vez podríamos invertir los papeles para ser ese otro distinto como se hacía antiguamente en el carnaval. Lo que me recuerda, ¡feliz carnaval y próspero fin de semana largo!

Ninfa del Limay

Feb-18

“Ser mitológico que emerge los viernes para obligarnos a pensar”, eso es la Ninfa del Limay.

Esta suerte de Casandra del columnismo de fin de semana, que habla desde la verdad para que no la escuchemos, persiste en el texto con la lejana esperanza de que al menos en la lectura, nocturna y silenciosa, detengamos nuestro ser ante la perpleja realidad que nos circunda.

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