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Che Guevara, el hermano de Cortázar

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A 50 años de la muerte de Ernesto Che Guevara, Pablo Montanaro recrea el vínculo del escritor Julio Cortázar con quien fuera el emblema del revolucionario latinoamericano.

Por Pablo Montanaro

La Revolución Cubana despertó en Julio Cortázar una conciencia social y política. Esto se refleja en el cuento “Reunión”, inspirado en la lectura del libro “Pasajes de la guerra revolucionaria” del Che Guevara. Cortázar abre Reunión con la cita de un fragmento escrito en 1961 por el Che incluido en “La sierra y el llano”: “Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista, apoyado en un tronco de árbol, se dispone a acabar con dignidad su vida”.

El 9 de octubre de 1967 se anuncia oficialmente la muerte de Ernesto “Che” Guevara en la Quebrada del Yuro, Bolivia. Julio Cortázar se encuentra en esos momentos trabajando en Argel, “rodeados de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre (…) metido en un mundo donde solo contaba el trabajo”. Se encierra varias veces en el baño para estar solo, llorar y desahogarse “sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional”.

Cortázar compra todos los periódicos; no quiere convencerse. Mira las fotos “esas que todos hemos mirado”; lee cables, escucha y hora tras hora va entrando “en la más dura de las aceptaciones”.

El 17 de octubre, pasado el mediodía, Cortázar envía un cable dirigido al escritor cubano Roberto Fernández Retamar, director de la Casa de las Américas. El texto dice: “RETAMAR CASA DE LAS AMERICAS LA HAVANE MAS CERCA QUE NUNCA DE USTEDES TE ABRAZO. JULIO”.

Once días después, precisamente el 28 de octubre, regresa a París. Retamar le solicita un texto en homenaje al Che. En plena soledad y con todo el peso del dolor, Cortázar escribe: “Cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti”.

Julio Florencio Cortázar

(Bruselas, 26 de agosto de 1914 – París, 12 de febrero de 1984)

Frente a la realidad de la muerte del Che, Cortázar escribe el siguiente poema:

Yo tuve un hermano.

No nos vimos nunca

pero no importaba.

Yo tuve un hermano

que iba por los montes

mientras yo dormía.

Lo quise a mi modo,

le tomé su voz

libre como el agua,

caminé de a ratos

cerca de su sombra.

No nos vimos nunca

pero no importaba,

mi hermano despierto

mientras yo dormía,

mi hermano mostrándome

detrás de la noche

su estrella elegida.

Ernesto 'che' Guevara, probablemente, el referente revolucionario más importante del siglo XX.

En 1983, un año antes de su muerte, Cortázar y el poeta y periodista argentino Alberto Szpunberg se reúnen en Barcelona, España, para conversar sobre literatura y política. “El Che escribió alguna vez que todo revolucionario se mueve animado por grandes sentimientos de amor”, le dice Szpunberg al autor de Rayuela. Cortázar afirma: “La entrega a una causa es una entrega amorosa, por eso es exacto lo del Che. Yo no creería en el socialismo como destino histórico de América Latina si no estuviese movido por razones de amor”.

El tema sigue centralizando la charla en un café de Barcelona. “El Che era muy crítico pero murió por optimismo. Y solo, muy solo”, dice Cortázar. Y agrega: “Claro, el Che murió solo y esto no es muy alentador, pero no hay derecho a extrapolar su muerte, si bien es cierto que acá se abre otro tema, el de las traiciones”.

(Fragmento del libro “Cortázar: de la experiencia histórica a la revolución” de Pablo Montanaro, Ediciones Homo Sapiens).

Pablo Montanaro nació en Buenos Aires en 1964 y desde 2004 reside en Neuquén. Es periodista y escritor. Se desempeña como editor en el diario La Mañana de Neuquén. También es columnista sobre temas culturales en radios.

Ha publicado numerosos libros de poesía, el más reciente “Los nombres del oleaje” y también biografías “Francisco Urondo. La palabra en acción”, “Cortázar, de la experiencia histórica a la revolución”, “Juan Gelman: esperanza, utopía y resistencia”, “Osvaldo Soriano, los años felices en Cipolletti”. Además publicó “Construcción de la memoria: conversaciones sobre dictadura y genocidio”.

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