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CON MIS HIJOS, ¡NO!

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Hace un tiempo, en una de estas columnas, conté la historia de un compañerito de la escuela al que la maestra le había confirmado que podía llegar a ser alguien en la vida. En ese caso, el sentido era el de estudiar para ser alguien, como se replica muchas veces en bastantes otros ámbitos además de la escuela. Sentidos otros son los de ser alguien para un niño o una niña porque, en ese discurso, se afirma que todavía no son personas. Como si estuviesen en un estado larvario en el que no han desarrollado su conciencia para decidir y mucho menos para sentir.

Digo niño o niña, niña o niño o podría usar también un asterisco luego de la partícula ‘niñ’ que es la raíz semántica de la palabra para referirme solamente al estado de la niñez sin conferir información de género masculino o femenino, pues al hablar en general no podría dar por sentado el estricto binarismo por el que tantas personas se levantan en armas. El lenguaje, la escritura de este y su pronunciación son vehículos del pensamiento. Hace tiempo, por mi tendencia curiositas inquietus, empecé a investigar sobre la gramática de la lengua. Asistí a la Facultad, como una buena estudiosa del tema debe hacer, y allí conocí a una profesora, miembro de la Real Academia Española, que nos comentó, a quienes estábamos allí presentes, que conocer de cerca la gramática de nuestra lengua materna la había hecho reflexionar e incluso, dicha reflexión, había influido en su manera de pensar, por lo que pudo resolver aspectos de su vida que consideraba irresolutos.

Desde ese momento no me quedó duda alguna de cómo el lenguaje moviliza nuestro pensamiento, porque el pensamiento no es único así como el lenguaje no es inmutable. Por eso me detengo a pensar en la exclamación “Con mis hijos, ¡no!” -aunque a veces no la escriban así. Frase que hace poco tiempo fue furor en Kara Mawida -San Martín de los Andes- utilizada en contra de la Educación Sexual Integral (ESI). Me llama la atención el ‘mis’ posesivo. Siempre usamos los posesivos para hablar de los vínculos: mi mamá, mi papá, mis hermanas, mi abuela, mi amiga. Tenemos claro que es una forma de expresar cierta relación, sabemos que esas personas no nos pertenecen. Contrario a esto, aplicado a los hijos me queda resonando algo en lo siniestro. Siento que, realmente, esa persona está convencida de que esa otra persona niña, a su cuidado, le pertenece.

MUERTES ANUNCIADAS

Me refiero a esas personas que desde el enfurecimiento dicen que todos y todas es una exclamación política, allí confunden lo político con la política partidaria, o bien, dicen que la RAE no lo aprueba pues el masculino funciona como pluralidad genérica. Esta última afirmación es la más humorística para las ninfas que gozamos del placer paradójico de las posturas pastiche. Esas mismas personas redactan textos con ausencia de tildes, emplean los signos de puntuación de manera dudosa y, además, despliegan en sus comentarios redesociálicos errores varios de concordancia pues, entre tanta bronca, pierden el sujeto de acción.

Lo paradójico reside en mencionar a la RAE en textos que evidencian errores normativos. Cuestión que puede pasarse por alto, porque si se entiende la voluntad de expresión el mensaje a cumplido su cometido. Pero decir “haci no ce escrive” evidencia que aquello que molesta no pasa por la norma, sino por el pensamiento ¿Por qué molesta el todos y todas pero no ningún otro error normativo en nuestras expresiones? Al parecer, para dilucidar la respuesta hay que escarbar en las profundidades de una sustancia excremental y, si es vencido el asco, la mano regresará con eso que preferíamos ignorar. Luego, esa persona que tiene hijas oirá rara su voz al pronunciar de nuevo “con mis hijos, ¡no!”.

Ninfa del Limay

Dic – 2017

“Ser mitológico que emerge los viernes para obligarnos a pensar”, eso es la Ninfa del Limay.

Esta suerte de Casandra del columnismo de fin de semana, que habla desde la verdad para que no la escuchemos, persiste en el texto con la lejana esperanza de que al menos en la lectura, nocturna y silenciosa, detengamos nuestro ser ante la perpleja realidad que nos circunda.

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