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Contar para que cuenten

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En el mes de diciembre asistí a una capacitación cuyo fin último era brindar herramientas para incluir la perspectiva de género al momento de diseñar las líneas de política en diversos ámbitos provinciales.

Promediando la jornada la expositora presentó una filmina en la que en letra mayúscula se leía “Si no se cuenta, no cuenta”, la frase era el título de un libro y me pareció sumamente gráfica. El libro se enfoca particularmente en la violencia, de diverso tipo, que se infringe contra las mujeres y cuáles son las estrategias implementadas por los diversos países de la región latinoamericana para analizar este flagelo. Las compiladoras se preguntan “¿Sobre la base de qué información y capacidades institucionales se diseñan e implementan las medidas orientadas a mejorar el acceso a la justicia para las mujeres víctimas de violencia en la región?”. Si bien el trabajo apunta a una cuestión en particular, su título invita a pensar en las distintas poblaciones y problemáticas que si no se cuentan, no cuentan.

En efecto, sabemos de la importancia de la información, de los datos estadísticos, de la relevancia que tiene que los mismos provengan de fuentes confiables y que los relevamientos se hagan de manera pertinente. Por otro lado, así como sabemos del uso, sabemos del abuso de los números y del peligro en el que se incurre al llevar al extremo la medición de todo. Ni hablar si no se cuida la manera en que se obtienen los datos. Pero al margen de esto, si un grupo, si una minoría y con ellas sus diferencias, no son identificadas, no cuentan y por lo tanto, cualquier acción focalizada queda trunca.

Desigualdad salarial: perciben ingresos tantas mujeres como hombres, pero ellas ganan 27% menos

Hoy, hay tantas mujeres como varones con ingresos laborales y no laborales, como jubilaciones, pensiones, asignaciones o rentas financieras. Sin embargo, esta “igualdad de género” desaparece a la hora de computar los ingresos.

El acceso a un empleo, a la salud, el transcurrir en un sistema educativo presentan sus diferencias según el grupo que se analice, poder distinguir y cuantificar esto, se vuelve una tarea clave. Por ejemplo, si no se analizara la pobreza en función de variables de género, edad, o espacio geográfico, no podríamos identificar las particularidades de cada subgrupo.

Como advierten las autoras, en su caso, en relación con las situaciones de violencia de género “La disponibilidad de datos precisos e inclusivos es de crucial importancia para dar mayor fuerza a la condena social generalizada de todas las formas de violencia contra las mujeres y ampliar el consenso sobre su indispensable erradicación desde todas las esferas de acción posibles.” (Alméras, Calderon Magaña; 2012: 32) Esta afirmación aplica a diversas poblaciones minoritarias.

Generar información que brinde herramientas para visualizar desigualdades en la población, aporta al tratamiento crítico de determinadas problemáticas. Porque como bien señalan “Lo que no se contabiliza no se nombra, y sobre aquello que no se nombra, no se actúa. ”

ALGO SOBRE NUESTRO PAÍS

En Argentina, en promedio, un 88,9% de las mujeres realiza trabajo doméstico no remunerado mientras que el 57,9% de los hombres lo hace. La cantidad de horas que destinan las mujeres a estas tareas asciende a 6,4 mientras que entre los hombres este promedio es de solo 3,4 horas. Estos datos permiten valorar social y económicamente el trabajo no remunerado y dar cuenta de las diferencias que aún existen, en estos quehaceres, entre mujeres y varones. Diferencias que impactan directamente en el tiempo que las mujeres pueden dedicar a estudiar, trabajar o simplemente al ocio y esparcimiento.

La información surge de la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo que realizó el INDEC en el 2013 y se trata de los últimos datos publicados.

Bibliografía: Si no se cuenta, no cuenta. Información sobre la violencia contra las mujeres

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