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COSAS EXTRAÑAS

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No sé ustedes, pero yo tengo mis temores. Cosas que pasan, fantasmas que a veces aparecen y no me dejan pegar un ojo. Creo que no soy la única que experimenta esas rarezas de los sentidos. Escucho y veo, a veces, más allá de lo evidente y sin ninguna espada delante de los ojos. Se repiten discursos, pasan cosas que, aunque sean extrañas, ya han pasado. Pese al encubrimiento del poder político a través de los medios de comunicación, que atribuyen los sucesos extraños a causas enteramente lógicas -casi tan lógicas y racionales como esos mismos medios-, las personas que viven en esta ciudad nos damos cuenta de lo que está pasando: somos el epicentro. Nada más extraño que un ser que alguna vez no tuvo cuerpo escribiendo sobre las cosas más extrañas; casi como un alien asombrándose de la vida en otro planeta o de un político argentino sorprendiéndose por una denuncia de malversación de fondos.

Este año fueron muchas: apariciones sonoras, desapariciones físicas, blanqueos familiares, negreos sin importancia, amistades inesperadas, inesperadas enemistades, ganadores perdedores y familias reconciliadas pero, según los prestigiosos medios populares de la región, pueden resumirse así: pudimos escuchar una serenata cósmica -que llamamos trompetas nocturnas; acudimos al hallazgo de un reptil gigante proveniente del Amazonas en el basural de la ciudad -gran debate en torno a su forma de asesinar; encontramos un enorme inodoro comunitario sobre la calle nominada como la gran artista popular -y por supuesto, no nos resistimos a tirar de la cadena; pisamos cabezas de gallos negros desperdigadas por las veredas que rodean el cementerio de la calle Islas Malvinas; esas cosas extrañas y tantos otros sucesos que se presentan como muy interesantes noticias pero nada más se dice.

¿Se dieron cuenta de que nuestra ciudad se asemeja a las misteriosas Eerie (Indiana), Hawkins (Indiana) o al cercanísimo Cinco Saltos (Río Negro)? No tenemos nada que envidiarle a esas tenebrosas localidades donde el mismísimo Edgar Allan Poe podría sentirse intimidado. Es más, un paraje neuquino tuvo su propia lluvia de carne cruda -SENASA recomendó no asarla; si la capital es el Houston argentino, nuestra provincia es el Maine argentino ¿Notamos estas cosas extrañas? Tal vez se saben o no se dicen, tal vez se prefiere la explicación lógica, tal vez a nadie le importa, tal vez las evitamos porque nos resultan escalofriantes y nauseabundas al reflejar lo que albergamos muy adentro nuestro.

Hay cosas en la vida, tan extrañas… Yo no sé. Cosas que pasan y vuelven a pasar. Como si ante ellas no tuviésemos memoria. Como si este odio por sobre todo se empozara en el alma. Esas cosas mortíferas que en alguna torta frita que por sobre la olla con grasa se nos quema. Y nosotros, animalitos autóctonos nacidos, venidos y alimentados por la Patagonia, volvemos los ojos, como cuando por sobre la espalda nos dan unas palmaditas. Nuestros ojos ciegos miran hacia atrás todo lo vivido, y chorrean, como catarata sin culpa, en la mirada. Por ello y lo que se olvida y no se dice, en y desde este sitio faro que vislumbra aquello que se aproxima, nos pregunto: ¿qué pasó?

Ninfa del Limay
NOV – 2017

“Ser mitológico que emerge los viernes para obligarnos a pensar”, eso es la Ninfa del Limay.

Esta suerte de Casandra del columnismo de fin de semana, que habla desde la verdad para que no la escuchemos, persiste en el texto con la lejana esperanza de que al menos en la lectura, nocturna y silenciosa, detengamos nuestro ser ante la perpleja realidad que nos circunda.

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