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Crisis.

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Por Rómina Díaz Didier

Cuando éramos chicas mi abuela tenía una despensa y durante las siestas del pueblo jugábamos al almacén. Una de nosotras hacía de la almacenera y las demás íbamos y comprábamos paté, galletitas, latas de tomate, en fin, de todo. Teníamos, bah, mi abuela tenía, un montón de billetes que alguna vez habían tenido valor y que se habían convertido en nuestra plata de juguete. Andá a saber cuánto perdió la vez que ese dinero dejó de servir para algo…

De la hiperinflación del ochentipico (casi noventa) me acuerdo del arroz con arvejas y mayonesa, un menú que -creo- se repetía en mi casa porque fueron tiempos difíciles. Si le pregunto a mi mamá, seguro que primero me caga a pedos por contar estas cosas publicamente, y después quizás me dice que lo que vivimos no fue como lo recuerdo, que es una exageración mía. Pero bueno, nadie elige los recuerdos y una vez me dijeron que solemos recrear vivencias. Solo puedo decir que mi costado infantil asocia esa época de crisis con el arroz con arvejas y mayonesa, que por otra parte me encanta.

De la bomba que explotó en el 2001 tengo tantas imágenes que no podría enumerarlas a todas. Desde entonces, cuando digo que cumplo años el 20 de diciembre, no hay NADIE que no diga “chuuuuuu ¡mirá qué fecha elegiste!”, como si hubiera nacido a principios de este siglo y no cuando nacía la dictadura.

Uh que deja vu – Zambayonny

Poesía pura del gran Zamba en su nuevo disco “Búfalo de agua” Están firmando libros ajenos Comprando amigos con caramelos Están sin alma en todas las fotos Están burlándose de nosotros Están tapando mal el pasado Con los testigos amenazados Están actuando frente al espejo Están siguiendo malos consejos Están batiendo los sonajeros Con traje y casco entre los obreros Están rompiendo platos de otros Están tomando fuera de foco Están diciendo filmen carajo Antes que todo se venga abajo Están hablando de lo que pasa Desde haya lejos en la terraza Y canta..

Del 2001 recuerdo la incertidumbre, la angustia, la sensación de derrumbe, entender que fue un estallido que se venía incubando hace décadas…Pero también recuerdo la solidaridad, el encontrarse con pares para afrontar y pensar lo que estábamos viviendo…el grupo de estudiantes de todas las facultades que íbamos al Barrio Obrero de Berisso y otros barrios de la periferia platense y brindábamos lo único que teníamos: un rato de juego, abrazos, una merienda para las chicas y chicos. Aún conservo grandes amigas y amigos desde entonces. Marcada a fuego. Quedé marcada a fuego, y algo que entendí fue que ser comunidad exige de nosotrxs no ser indiferentes y no olvidar. No olvidar.

Hace un rato leía las noticias y se agolparon esos recuerdos más o menos como los escribí; ni sé por qué los escribí. Y después de dos años y medio de putear, enojarme, llorar de bronca por esta runfla inmoral que gobierna para sí misma, creo que no es tiempo de hablar de recuerdos pero sí de memoria. Igual, en el fondo no tengo ni idea de qué carajo se hace para que dentro de diez o quince años no me toque enumerar más recuerdos de este país quebrándose. Qué hacemos. Qué vamos a hacer. Qué esperamos. Por qué esperamos. Qué aprendimos. Qué vamos a aprender.

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