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DE VASALLO A PAISANO PICARO

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En la Edad Media nació este nombre, entintado bajo la pluma de escritores ibéricos y el imaginario de la literatura medieval. Con los años, se convirtió en un personaje nómade y sus caminos atravesaron el Siglo de Oro entre el Renacimiento y el Barroco hasta terminar en el vox populi de Nuestra América. Personaje de raíz folklórica, Pedro Simón Urdemales sigue apareciendo en la voz de la literatura popular latinoamericana para mostrar con una simpática pizca de humor, cómo un simple paisano engaña a los más poderosos. A veces por pura picardía, otras tantas para sobrevivir.

La primera vez que escuché su nombre fue en mi infancia. En la escuela primaria 249 del pequeño pueblo de Santo Tomás trabajaban mis viejos, una joven pareja de maestros rurales que en una ventosa tarde de invierno, llegaban desde la capital neuquina con varias cajas llenas de libros para la biblioteca del aula. Entre los diversos títulos venía escondido Don Pedro, esperando ser liberado para contar sus andanzas. Recuerdo el asombro y las sonrisas que despertaron sus historias en mis compañeros y en mí. Pasaron los años y le perdí la pisada, camina rápido el Don porque siempre hay alguien que lo anda buscando para cobrarse; pero hace unos meses la huella de sus alpargatas volvieron a rondarme en un taller de “cuentacuentos”. Para sorpresa de quién escribe, aquellos despertares de la niñez regresaron. Ahora se sienta en estas líneas mientras se toma unos verdes y me mira contar su historia.

Según la vasta información que existe en la red, este personaje fue inspirado en un tal Petro Urde. Antonio Ubieto Arteta, historiador y filólogo medievalista español, menciona en un documento del siglo XII un paraje llamado “campum de Petro Urde malas”, ubicado en el actual barrio de Cogullada, en Zaragoza-España:

Et habet affrontationes istum iam dictum campum ex una parte campum de la Cavalleria, de alia parte campum de don Galician de Tarba, de tercia parte brazal unde se rigat, de quarta parte campum de la Cavalleria et campum de Petro Urde malas. Fotograma online número 8193 (CCXLVI-30) del C. E. M. A. (Centro de Estudios Medievales de Aragón).

Ya para el año 1440 asoma por vez primera en el “Libro del Passo Honroso”, texto de Suero de Quiñones considerado “el episodio caballeresco más importante de la Edad Media española”. En este punto me encontré con una de las pocas limitaciones de internet, ya que no pude dar con el fragmento. Sospecho que mi invitado metió mano para ocultar sus rastros. Pero si aceptamos aquella afirmación, se puede decir que en esas páginas comenzó su viaje por el dinámico y enorme universo de la literatura y la tradición oral.

De ahí en adelante, Pedro Urdemales aparece en varias obras de diversos géneros literarios, como en las dramaturgias de Juan del Encina, Lucas Fernández, Lope de Rueda y Juan de Timoneda. También protagoniza las novelas dialogadas “La Lozana andaluza” (Venecia, 1528) y “Viaje de Turquía: la odisea de Pedro de Urdemalas” (1557). Sin embargo, se considera a Miguel de Cervantes como la pluma que consolida sus características en la comedia “Pedro de Urdemalas de sus Ocho comedias y ocho entremeses nuevos” de 1615. Incluso en autores tales como Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Juan Bautista Diamante se ven sus características típicas de la literatura picaresca.

Me lo imagino siendo un vasallo haragán y mentiroso, rápido para hacer sus travesuras y me imagino, ya que es gratis y personal, que tiempo después se vio obligado a huir de su tierra natal porque andaba siendo buscado por el propio Rey de turno para vengarse de haberle vendido gato por liebre. De seguro saltó a escondidas en un barco español, por falta de plata. Me pregunto en cuál de todas las carabelas venidas de Europa se habrá embarcado para llegar a tierra americana. Puede ser que haya viajado como marino, con un loro con plumas de oro; o por desventura entre esclavos negros, con un candado en los bolsillos, único en su diseño; o bien un pirata del océano con un mapa en cuyas coordenadas se revela la ubicación del tesoro más grande del mundo.

Lo cierto es que su nombre cruzó el charco para reaparecer en la literatura del vecino país de Chile en 1885. En la novela “Historia de Pedro Urdemales”, hay un pasaje que recita su nacimiento el 23 de junio de 1801 en “una choza situada en la ribera izquierda del caudaloso Mawlen”. En consecuencia, esta novela demuestra la fuerza y alcance que posee la tradición oral para los pueblos de todo el mundo. Y así como el lenguaje es dinámico, nuestro Pedro también ha pasado por transformaciones en sus características personales e incluso, cambios de nombres.

Tanto en la tradición oral como en la literatura popular, personajes como los de Urdemales (en el universo animal se pueden encontrar tortugas, liebres, zorros o tigres) son representados como figuras fuertes que hacen de sus aventuras una crítica social para burlarse de la ambición de los más poderosos. La rebeldía o resistencia popular se ven entonces identificados en los relatos de Pedro; en ellos las desigualdades excesivas se encuentran frente al ingenio humano como filosofía de supervivencia y de cambio social. La mutabilidad del paisano pícaro aparece entonces como mediador entre opuestos culturales. Así se puede entender por qué posee un carácter ambiguo pero necesario para su función de resolver los conflictos culturales.

Sus historias son conocidas en todo el continente. México, Chile, Guatemala, Puerto Rico, Brasil, Paraguay, Argentina, Bolivia, Perú, Venezuela, Colombia y Ecuador son las geografías en las que este vasallo venido en paisano ha metido la cola. Incluso se lo ha relacionado con mandinga, de hecho la cantautora Violeta Parra le dedica una cueca obligándolo a que vaya a mentirle al diablo, pues los engaños del Don a veces recaían en gente carenciada como el propio Pedro:

Violeta Parra _ Pedro Urdemales

Violeta Parra 1965 del disco Recordando a Chile – Una chilena en París

En la actualidad son muchos los nombres de escritores y escritoras que han realizado el trabajo de recopilar las andanzas de Pedro Urdemales. Se lo puede encontrar en numerosos sellos editoriales y si bien suelen ser relacionado con la “literatura infantil o juvenil”, particularmente prefiero seguir la línea del escritor chaqueño Gustavo Roldán cuando afirma que “las obras tienen que ser para todos, no tiene que haber dos literaturas”. El autor de “El último dragón”, cuyo protagonista adopta como padre a un sapo, dijo alguna vez: “Me crié en el monte escuchando historias y no había una diferencia: si había un grande, era para grandes, si había un chico, era para chicos”.

De los títulos más conocidos se destacan “La sopa de piedras”, “Pedro Urdemales y el gigante”, “El árbol de plata”, “La piedra del fin del mundo”, “El burro que cagaba plata”, “Los chanchos empantanados”, “La perdiz de oro”, y la lista continúa. Recomiendo seguir las aventuras de este vasallo venido en paisano pícaro, sin importar la edad de quién se anime a sumergirse en el universo Urdemales. Es en la simpleza de sus engaños en donde la imaginación encuentra cielo para volar. A continuación les dejo a modo de tarjeta de presentación uno de mis preferidos, “La ollita de virtud”:

Una vez que Pedro Urdemales estaba cerca de un camino haciendo su comida en una olla que, calentada a un fuego vivo, hervía que era un primor, divisó que venía un caballero montado en una mula, y entonces se le ocurrió jugarle una treta.

Saca prestamente la olla del fuego y la lleva a otro sitio distante, en medio del canino, y con dos palitos se pone a tamborear sobre la cobertera, repitiendo al compás del tamboreo:

Hierve, hierve, ollita hervidora, que no es para mañana, sino para ahora.

El caballero, sorprendido de una operación tan extraña, le preguntó qué hacía, y Pedro Urdemales le contestó que estaba haciendo su comidita.

¿Y cómo la haces sin tener fuego? — interrogó el caballero y Pedro, levantando la tapa de la olla, repuso:

Ya ve su mercé cómo hierve la comidita. Para que hierva no hay más que tamborear en la tapadera y decirle:

Hierve, hierve, ollita hervidora que no es para mañana, sino para ahora.

El caballero, que era avaro, quiso comprarle la ollita que podía hacerle economizar tanto; pero Pedro Urdemales se hizo mucho de rogar, hasta que le ofreció mil pesos por ella y Pedro aceptó. El viejo, que creyó hacer un gran negocio, vio muy luego castigada su avaricia, pues la ollita a pesar del tamboreo y del ensalmo, siguió como si tal cosa”.

Hierve, hierve, ollita hervidora que no es para mañana, sino para ahora.

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