Back

Diversión y boomes vacíos

5 min de lectura
Imprimir

Hace mucho mucho tiempo, un poco después de que se inventó la pólvora, para estas fechas y en compañía de mi primo hacíamos estallar toda envoltura de pólvora que llegaba a nuestras manos. Era divertidísimo ver explotar un soldadito de plástico verde, que los charcos salpicaran agua hacia todos lados y que la arena se eleve por la fuerza de la explosión; ni hablar de la explosión sorpresa cerca de alguna persona distraída. Nos deleitábamos con esa sensación de poder que te da la pólvora. A eso se le sumaba el fuerte estruendo en las antípodas de lo mudo. Así pasábamos estas fechas. Incluso, una vez jugamos con nuestro nivel de adrenalina al tirar un petardo dentro de un auto que tenía la ventanilla abierta. No pasó nada extraordinario, más allá de la transgresión. Eramos infantiles y nuestra edad se correspondía con ello.

Ayer por a la tarde, caminando por uno de los esbeltos barrios neuquinos, me encontré con una perra totalmente desorientada. Parecía perdida, y sí que lo estaba, pero no porque se haya escapado de su hogar o haya sido abandonada, sino que escapaba de los ruidos que comenzaron a gobernar ese barrio como tantos otros. Las bombas de estruendo y los rompeportones se oían en un canon coral que parecía no tener fin. A eso le seguía una carcajada grupal de quienes esgrimían, casi lascivos, el encendedor que alimentaba de fuego esos inmensos paquetes de pólvora. La perra huyó despavorida, sin que pudiese retenerla. En ese momento, regresaron esos años ante mí. Nuestra infancia había sido satisfecha por el placer de las explosiones en esta temporada de fiesta, sidra y consumo. Jamás pensamos que podría molestarle a alguien, salvo a alguna vecina que se quejaba porque no podía escuchar tranquila su novela.

No me arrepiento de mis diversiones de la niñez, pero hoy no me fascino por los ruidos estrambóticos. Tampoco me parece que esté mal, y menos que esté bien. Las personas que se divertían a carcajadas en el barrio ya no eran infantes. El poder adquisitivo para esas fuertísimas explosiones requiere un dinero que dista mucho de la cajita de fósforo cohete que salía cincuenta centavos y traía diez unidades. Lentamente me fui alejando de ese divertimento cuando llegó a mi familia una perrita juguetona. La diversión no se concretaba más en mí al percibir el sufrimiento de la nueva integrante de audición aguda.

Años más tarde conocí a una gran amiga, madre de un hermoso niño que no tiraba cohetes ni gozaba con esas prácticas que no pueden ver más allá del yo. Un día le quise regalar un globo, de esos de cumpleaños, y para mi sorpresa él corrió asustado. Mi amiga me explicó que sufría de hipersensibilidad auditiva, por lo que todo sonido inesperado y de alto volumen lo asustaba mucho. Por eso no le gustaban los globos, al no saber cuándo podían explotar le resultaban elementos temibles. Imaginen como reaccionaría el hijo de mi amiga, o cualquier niño con autismo, ante las explosiones que también asustan a los amigos caninos.

¿Somos tan importantes para ignorar el sufrimiento ajeno en pos de nuestra diversión vacía? Tal vez, hace mucho mucho tiempo, poco después de la invención de la pólvora, se desconocían las consecuencias que las explosiones acarreaban. El alto volumen y la forma inesperada en la que suceden son motivo de susto y sufrimiento para animales y personas. Quienes amamos a aquellas criaturas que sufren, también sufrimos. ¿Vos sufrís o te divertís al causar sufrimiento?

Ninfa del Limay

DIC – 2017

Imagen destacada: Laura San Segundo (Madrid, 1990)

“Ser mitológico que emerge los viernes para obligarnos a pensar”, eso es la Ninfa del Limay.

Esta suerte de Casandra del columnismo de fin de semana, que habla desde la verdad para que no la escuchemos, persiste en el texto con la lejana esperanza de que al menos en la lectura, nocturna y silenciosa, detengamos nuestro ser ante la perpleja realidad que nos circunda.

Ante la imposibilidad de rastrearla en redes sociales, pueden dejar comentarios sobre sus textos, llenando el formulario al pie de la presente página.

Publicar Comentario