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En contra del espantapájaros

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Por la Ninfa del Limay

La “e”, la “x” o el “@” son utilizadas por personas que cuestionamos la marca de género masculina en la flexión gramatical de ciertas palabras -artículos y pronombres en general. Últimamente la “e” es la más utilizada. Quienes somos aficionadas a la programación, nos gusta mucho más el asterisco que la “e” porque en casi todos los lenguajes informáticos simboliza lo que sea. Es decir, si busco “*.jpg”, por ejemplo, en una orden, lo que se obtendrá son todos archivos .jpg sin importar el nombre. Se puede usar también para finalizar o terminar una palabra. No tiene nada que ver con la flexión, lo sé. Sin embargo, es parte de una reflexión propia, de mis convicciones, preferencias, conocimientos e ideales. Por supuesto que si utilizo el asterisco no es una imposición para nadie. Su uso causa que diferentes personas puedan hacerse preguntas al respecto, pueden criticar el uso, pueden esgrimir rigurosidades seudogramaticales, pueden decir barbaridades filosóficas, como que las cosas primero existen y después se nombran, pueden dar cuenta de sus conocimientos literarios clasicistas -que excluyen literatura de estos tiempos, tal vez más en sintonía con la identidad y desigualdad de género como lo son los libros de Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada, Sergio Bizzio, etc..

Hace varios años circulaba en Internet una carta de una profesora titulada “Ignorantes e ignorantas”. Allí, esta persona daba cuenta del error gramatical al flexionar en género ciertas palabras como “presidenta”, porque según ella “presidente”, al tratarse de un supuesto “participio activo”, no tendría marca de género. Sin embargo, “presidenta” está en el diccionario y además, como han afirmado instituciones heraldas de la lengua, para que una palabra sea pronunciada en femenino solamente hace falta que una mujer tenga ese rasgo o atributo y que las personas la nombremos así y listo, habrá palabra. Hace poco tiempo, esa carta se viralizó en las redes sociales. Fue compartida miles de veces y tiene tantos “Me gusta” que al parecer no importa que aquello que se dice tenga la base en un error teórico, pues el -ente de la terminación de estas palabras como participio activo no existe. Supongamos que sucedió desde un conocimiento sesgado o a partir de un conocimiento desactualizado de la gramática del español, para no pensar que es algo malintencionado realizado adrede para desvirtuar un uso que se lleva a cabo, nada más y nada menos, por nosotras, hablantes del español, desde hace años.

Página/12 :: soy

Podríamos escribir siempre los. Podríamos escribir as/os. Podríamos escribir las y los. Podríamos escribir las, los y les. Podríamos usar una arroba. Podríamos usar una x. Pero no. Usamos un asterisco. ¿Y por qué un asterisco? Porque no multiplica la lengua por uno. Porque no divide la…

Los mismos errores conceptuales fueron utilizados hace una semana por un economista para criticar el lenguaje inclusivo -allí dice que hace de nuestra lengua un adefesio- mediante una columna de opinión publicada en uno de los diarios nacionales más críticos. Lamentablemente, parece que lo que urge es manifestarse en contra y no informarse sobre el tema o reflexionar sobre qué es lo que socava tanto que enerva.

En estos días leí una nota publicada en la red social más utilizada de esta distopía. Allí, una persona da cuenta de sus conocimientos de lingüística y de una literatura argentina que se estudia desde hace muchísimo, casi como el fósil sagrado que debemos conocer para hablar del arte de las letras. También agrega la voz del subalterno como contraste dudoso. La nota es larga y no muy clara. Por eso me interesa detenerme en dos cuestiones que señala para desbaratar sus legítimas ganas de estar en contra. En principio, el título glosa “Contra todes”. ¿Se puede estar en contra diciendo que algo es imposible cuando ya está sucediendo? Digamos que sí, entonces estar contra de lo que sucede, si aquello que sucede es llevado adelante por personas que intentan subvertir cierto orden, indirectamente, también se está a favor de no subvertir nada. Esto sucede en esa nota al hablar de las feministas como “compañeras” como si se compartiese una militancia, para luego afirmar cuestiones sobre el lenguaje inclusivo que nadie dijo, sino que son invenciones del imaginario de quien escribe. Este es el otro punto al que me voy a referir. Esta nota de largo aliento afirma que el sector “burgués y feministe” -así llama a ese adversario discursivo que inventó- que utiliza la “e” aleccionará cuando alguien diga “todos” y dirá “no se dice todos, se dice todes”. Allí reside una falacia, pues quienes utilizamos la “e” o el “*” jamás expresaríamos tal corrección como si fuéramos vigilantes de la norma. Por supuesto, aquí actúa una especie de espejo de pensamiento, que tampoco cuestiona el binarismo de género aunque a veces habla del género cultural, pues supone que toda propuesta en el lenguaje, además de ser arbitraria, es totalitaria.

Arturo Pérez-Reverte dejará la RAE si se cambia la redacción de la Constitución por un lenguaje inclusivo

“Tiene usted mi palabra”. Breve y directa ha sido la respuesta del escritor y académico Arturo Pérez-Reverte a los comentarios de un usuario de Twitter que aseguraba que dejaría la Real Academia Española (RAE) si se cambiaba el lenguaje de la Constitución por uno inclusivo.

Tristemente, caso contrario a reflexionar sobre la propuesta de un lenguaje inclusivo como invitación a la reflexión de subvertir el patriarcado, hace que explotemos en descontento por ello. Leyendo los argumentos de la profesora, el dícese economisto o en la nota de ethos intelectualoide percibo una incomodidad tal por esta propuesta que evita todo tipo de reflexión sobre lo que subyace en sus decires. Aparentemente, aparece el rechazo y luego se buscan argumentos más o menos convincentes para decir que se está en contra porque se es propietario de una verdad impoluta.

El lenguaje inclusivo no es para mejorar o empeorar la lengua, basta con que algunas personas lo propongan y utilicen para que exista; estar en contra es una tontería, pues si no se comparte dicha idea nadie obliga a su uso. Dicen que no se puede imponer tal cosa porque la gramática de la lengua no funciona así, me pregunto por qué se preocupan entonces, si la lengua en nada se verá afectada. Me gustaría que seamos personas sinceras y digamos que algo no nos gusta porque rompe nuestros dogmas, es molesto para nuestro lugar cómodo -o conservador-, porque da fiaca ponerse a pensar o, simplemente, se vive bajo la premisa de que “las cosas siempre fueron así” y ahora “está de moda cambiarlas”, -¿y vos por qué te enojaste?

Comentarios(3)

  • S. Nife

    17 julio, 2018

    Qué bueno fue leer esto. Gracias Ninfa.

  • Ma. Ines

    22 julio, 2018

    Excelente nota!!! Me la llevo al aula.

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