Back

Ganar o ganar, una dicotomía torpe

5 min de lectura
Imprimir

* Por La Ninfa del Limay

Uno de estos sábado pasados, luego del partido de la selección argentina, salí a caminar por el barrio. A diferencia de otros sábados, un poco deshabitados a esas horas, este tenía un florecer de varios niños jugando con la pelota en la calle o yendo a la plaza. Tal vez este martes hubiese pasado lo mismo si no hubiese llovido. Ahí aparece ese pensamiento un tanto de gente grande, un tanto idealista, que al parecer va quedando obsoleto: qué bueno que los pibes dejan las computadoras, las tablets y los celulares y salen a jugar como antes. Pero esos pensamientos siempre tienen una trampa: ¿el bombardeo mediático en las computadoras, tablets o celulares sobre el mundial no tendrá que ver con esas ganas de jugar?

Gritos desgarradores, puteadas, palabras de ánimo, alegría, bronca, enojo, zapateos, golpes en las paredes, en las puertas, nombrar a dios en vano; reacciones aparentemente de diferentes personas, sin embargo pertenecen a una única entidad: la masa o multitud. Eso pasa en los partidos, pero no es algo que se reproduzca al salir a jugar -por suerte. En nuestra cultura, el televisor mezclado con el fútbol hace que la masa exista sin habitar el mismo espacio. El televisor funciona como catalizador y une personas que, en general, jamás recorrerán juntas las calles devenidas en una masa. En este caso no se trata de cuerpos in situ, sino de cuerpos desperdigados pero como una entidad que, sin llevar adelante ningún tipo de razonamiento se mueve y manifiesta porque pide por algo que considera lo propio: ganar.

A diferencia del pensamiento lineal occidental, que todo va como en una línea histórica, por estos lares, como en muchos otros, sabemos de ciclos. Este mes comenzó un nuevo ciclo o, mejor dicho, renació el ciclo anterior. Nada concluye sino que se convierte y lo hemos podido sentir en nuestras propias cuerpas vivientes. Manuel Vicent, crítico de arte y escritor español, dice que las personas, en este momento humano, estamos siendo más sensibles. De allí más reclamos por los derechos avasallados y la reflexión sobre si la justicia existe o es una palabra cargada de relatividad.

Informe de la TV española sobre la pasión por la Albiceleste …

Informe de la TV en España sobre el triunfo de Argentina sobre NIgeria – Mundial Rusia 2018

Hay una gran confusión entre el mundial de fútbol y lo que vivimos en nuestra realidad cotidiana. En general, hay dos puntos de vista. Uno dice que este teatral campeonato nos imposibilita asir la realidad cruda, hambrienta, despojada, enferma y moribunda. Otro punto dice que esa es una lectura esnob de lo popular por parte de un sector que se supone más culto y no comprende la pasión. Como somos animalitos lineales y dicotómicos, claro que estas dos caras de una moneda dolarizada nos vienen bien y nos quedamos conformes con esa explicación para tomar una postura o la contraria. Se trata de ese gesto de ser fuego o agua que tanto tanto nos ha cautivado por los siglos de los siglos. Hay que decir que existen personas que no banalizan la realidad en la que viven pero sí disfrutan de un partido de fútbol. A su vez, hay personas que no les gusta para nada el fútbol y se encuentran totalmente desconectadas de la realidad que las circunda.

Creo que nuestra sensibilidad es más notoria que en otros momentos, sí, pero no porque hoy seamos más sensibles. Tal vez estemos en una reconciliación con esa sensibilidad que, desde hace muchísimo tiempo, es reprimida constantemente. Tal vez este nuevo ciclo que renació en estos días, que festejamos la gente de la tierra, sea una de las claves para reconocer la sensibilidad que aflora, que renace y que no será reprimida nunca más. Qué hermoso sería que esa sensibilidad se convirtiera en la masa, esa que no razona y busca lo que cree propio. Seríamos un pueblo amoroso y imparable. Pero vuelvo a caer en lo ideal, debería conformarme con que seamos, simplemente, un pueblo.

Publicar Comentario