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Gregoriano o kafkiano (el fantasma que camina)

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No sé si el momento hilarante sucedió por descuido o por lo que llaman asociación libre. La charla iba sobre nuestra manera de organizarnos el tiempo: segundos, horas, días, semanas, meses y años -unidades más, unidades menos. En un principio, el contador del grupo de heterogéneas profesiones hablaba sobre el conteo del tiempo como algo natural. Esas cosas que consideramos como dadas y, ante cualquier cuestionamiento, quien nunca las ha cuestionado esgrime la fabulosa e ingeniosa frase: “siempre fue así”. Lamentablemente, más allá de la calidad reflexiva de dicha frase, nunca nada fue de una manera determinada sino que ha cambiado, en mayor o menor medida, y en esta frase palpita el imaginario de que el ser humano siempre ha sido así; o peor, que siempre ha sido.

Siguieron con la conversa sin que yo pudiese meter mucho bocado. El contador fue interpelado por la profesora de matemática, quien dijo que no tenía ningún sentido que las horas tengas sesenta minutos, los días veinticuatro horas y los años trescientos sesenta y cinco días -salvo los múltiplos de cuatro en sus dos últimas cifras-, es decir, que cada una de las unidades no responda a la misma base: “como nuestra perfecta forma de numeración y conteo en base diez”. El técnico, o eterno estudiante de seguridad e higiene, dijo que dependía todo del horario de trabajo, que por eso se había organizado todo así y agregó que si sucedía un incidente yendo al trabajo la ART debía hacerse responsable. Allí irrumpió el periodista y dijo que esta forma de contar data del siglo XVI, aunque la anterior manera de hacerlo no difería mucho; lo que al fin me dio pie para ingresar en esa moderada discusión de profesionales.

“Fue Gregorio”, dije y me quedaron mirando. El dramaturgo del grupo miró los ojos de cada una y se detuvo en mí: “¿Gregorio Samsa?”, me preguntó. Allí la risa comenzó a distender la charla y no recuerdo si contesté o no la pregunta. Ese momento regresa y caigo en la reflexión. Se termina este año, como un fantasma que camina de forma lineal, y cada año que comienza en nuestro calendario gregoriano oímos de quienes hoy dirigen económicamente este vasto territorio que tenemos que mirar hacia el futuro y dejar atrás el pasado. Esa es una forma esquiva de decir que nos olvidemos de una parte de lo que somos porque este tiempo, aunque en el calendario lo parece, no es lineal: el futuro pisa el pasado; el pasado antecede al futuro y el futuro sucede del pasado en una suerte de yin yang temporal en el que pasado y futuro son parte de lo mismo o, como decía mi abuela: “sin después no hay antes”.

El borrón y cuenta nueva puede andar bien cuando se paga la deuda en la despensa, pero para nuestra vida y la forma que le damos al tiempo ¿podemos borrarnos todo y empezarnos de cero? Si es posible, debería ser un trámite en el Ministerio del Tiempo Feliz de la República Argentina. ¿Qué es lo kafkiano entonces? Algo que irrumpe sin ningún tipo de relación o ¿podría ser un sinónimo de gregoriano si acompaña al sustantivo calendario?

Sin más, ¡feliz año nuevo gregoriano para todas!, les desea, su amistosa vecina, Ninfa del Limay, diciembre, 2017,-

“Ser mitológico que emerge los viernes para obligarnos a pensar”, eso es la Ninfa del Limay.

Esta suerte de Casandra del columnismo de fin de semana, que habla desde la verdad para que no la escuchemos, persiste en el texto con la lejana esperanza de que al menos en la lectura, nocturna y silenciosa, detengamos nuestro ser ante la perpleja realidad que nos circunda.

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