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UN HURACÁN LLAMADO “ANDRÉS”

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El pasado 1 de julio se dio en México un resultado electoral que ha modificado la percepción de los procesos americanos. Andrés Manuel López Obrador, en su tercera apuesta por la titularidad del ejecutivo de la Unión, pudo vencer por un amplio margen a sus dos inmediatos competidores: Ricardo Anaya (Alianza México al Frente-PAN) y José Antonio Meade (Todos por México-PRI). El resultado, según los sondeos previos era posible, pero los guarismos finales sorprendieron tanto a propios como a extraños.

Los desafíos de la autodenominada “cuarta transformación” de México son muchos y de variada intensidad. Por un lado, López Obrador ha logrado capturar las expectativas de cambio del electorado que lo acompañó. Ganó con el 53% de los votos, pero eso no necesariamente es un dato positivo. Las expectativas deben ser acompañadas por cambios efectivos, y en eso los poderes fácticos de México tienen hasta el primero de diciembre para limar las posibilidades del nuevo gobierno. Tal vez por ello, sectores de la sociedad civil están pensando en movilizar sus propias fuerzas para acompañar al nuevo Presidente en la calle.

Por otro lado, está en duda si el alcance del programa de López Obrador podrá satisfacer a los propios. Es decir, a los integrantes de la fuerza “Juntos Haremos Historia”, que van desde el maoísmo hasta el evangelismo radical, pasando por un nacionalismo variopinto y de diversa procedencia.

En lo inmediato, Andrés Manuel garantizó implementar medidas de ajuste fiscal desde la política y no desde el pueblo. Lo que se trasluce en recortes de sueldo para funcionarios (hasta un 50%) y un cambio de paradigma en el uso de los recursos de la política. La casa de gobierno, por ejemplo, será destinada “al arte y la cultura”, nadie trabajará menos de 8 hs. ni contará con un número excesivo de asesores. Además, para fortalecer el mensaje de “prestancia”, se ha manifestado también la intención de realizar las reuniones de gabinete a las 6 de la mañana.

Volviendo al resultado del primero de julio, los números finales de AMLO le permitirán contar con mayorías parlamentarias nada despreciables. En el caso de los representantes al congreso de la Unión, por ejemplo, “Juntos Haremos Historia” habría obtenido trescientos tres (303) de los quinientos (500) diputados federales electos, mientras que en la Cámara Alta, de los ciento veintiocho (128) senadores en juego, la alianza ganadora parece haber obtenido setenta (70). Indicios que permiten pensar que, al menos en lo institucional, habrá importantes grados de gobernabilidad.

“El impacto del triunfo obradorista ha sido fuertísimo”

Noberto Emmerich es Doctor en Ciencia Política y autor de varios libros sobre narcotráfico y seguridad. Fue decano del Centro de Seguridad y Defensa del Instituto de Altos Estudios Nacionales en Quito, Ecuador, y actualmente se desempeña como docente en diversas Universidades de América Latina. Cardo Ruso lo consultó para conocer su opinión acerca del proceso méxicano. Para él los condicionantes de la “cuarta transformación” son internos, pero también están determinados por los cambios mundiales que operan en la actualidad.

¿Piensa usted que son equivalentes las expectativas de cambio del pueblo mexicano con las posibilidades fácticas del nuevo gobierno?

– El triunfo electoral de López Obrador en México tuvo una magnitud impensada, lo que termina transformándose hoy en el problema más importante del nuevo gobierno, en virtud de la carga de expectativas que conlleva la dimensión de los votos obtenidos. Las posibilidades de maniobra política del nuevo gobierno son amplias por la cantidad de votos recibidos, lo que evita emprender arduas negociaciones con fuerzas políticas de oposición. Pero los márgenes de gobernabilidad, o sea de acuerdos con otros poderes no dependientes de los caprichos electorales (empresas, Iglesia, Fuerzas Armadas, Estados Unidos, narcotráfico, etc.), condicionan fuertemente su capacidad de acción. Su campaña electoral ha estado caracterizada por la ambigüedad y la imprecisión en la definición de los métodos para alcanzar los objetivos. Sí tendrá margen para cambiar el sistema político, es la concesión / condición que recibió de parte de las élites mexicanas cansadas de la pasividad y corrupción del PRI-PAN-narco. Por ello las medidas anunciadas en contra de la corrupción, que en concreto son un terrible ajuste sobre el aparato del Estado, son bien recibidas por las empresas y rechazadas por el funcionariado. Ello implicará un probable desmoronamiento de la calidad de la administración pública y la transición hacia un nuevo modelo de características inciertas, lo que precarizará el funcionamiento inmediato del Estado.

Más allá de la lucha contra la “mafia del poder” (ajuste del Estado) nada es claro. Los desafíos que implica el cambio mundial para México hacen casi imposible que López Obrador pueda cambiar positivamente la situación. Pero López Obrador es totalmente consciente de esas limitaciones y también de la necesidad de cambiar el modelo de alineación sumisa con Estados Unidos, un valor del que carecen los gobiernos del Cono Sur que todavía buscan alinearse con Estados Unidos. Más llamativo es esta insistencia en el caso argentino, desinteresado en buscar alternativas con China y la Unión Europea en virtud del déficit comercial que mantiene con ambos.

El EZLN pone distancia con AMLO: podrá cambiar el capataz, pero el finquero sigue siendo el mismo – Proceso

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, Chis. (apro).- El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) aclaró que no se sumará al nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador al considerar que nada cambiará porque “podrán cambiar el capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo”.

Una de las primeras afirmaciones que se hicieron sobre el triunfo de AMLO es que re-abre la posibilidad de los ciclos progresistas en América Latina, ¿piensa usted que el nuevo gobierno direccionará su agenda de relaciones exteriores en ese sentido?

– La primera e inmediata reacción de los partidos políticos (PRI y PAN) fue aceptar el resultado a los 45 minutos de terminada la elección, en contra de las opiniones previas de que la “mafia del poder” iba a dar batalla y cometer fraude.

En concreto López Obrador ganó con el 53% de los votos (el resultado más amplio de la historia democrática reciente, más allá de la “dictadura perfecta”, con más de 30 puntos de diferencia sobre el segundo). Su candidatura presidencial ganó en 30 de las 32 entidades del país. Obtuvo mayoría propia en la Cámara de Diputados y en la Cámara de Senadores. Conquistó la jefatura de gobierno de la Ciudad de México y de 4 estados del sur del país.

Una verdadera tormenta arrasó México, produciendo un cambio abrupto y probablemente definitivo del mapa político del país, con un PRI ya golpeado en las elecciones intermedias de 2016 y ahora gobernando menos que nunca en la historia desde su Fundación.

El impacto del triunfo obradorista en los partidos políticos (PAN, PRI) ha sido fuertísimo. Sus bastiones territoriales se vieron derrumbados o temen derrumbarse en cualquier proceso electoral venidero. En Ciudad Juárez, el lugar más alejado de México que pueda pensarse (la ciudad mexicana más próxima está a 125 kilómetros y Estados Unidos apenas a 5 minutos), la presidencia municipal será ocupada por un candidato de López Obrador.

El tamaño de tales derrotas implica la ruptura por implosión de todo acuerdo político previo, los que en México son de larga duración. Empresas, partidos, Iglesia y carteles tienen que recomponer tejidos y pactos. Cuentan con la mejor disposición de López Obrador, pero es probable que a su vez este no cuente con la masa crítica (funcionarios) necesaria para re-implementar exitosamente una matriz política afín. Por ahora las Fuerzas Armadas y Estados Unidos, con temor en ambos casos, parecen salvarse de la re-discusión.

El impacto de este triunfo, cuyas ondas expansivas se irán extendiendo con más fuerza con el trascurso de los días (mientras el programa de gobierno se vuelve menos insurgente), golpeará emocionalmente y simbólicamente a nivel regional. Las poblaciones de todos los países verán con alegría y entusiasmo el ascenso de un líder del que poco saben, al que ya encasillaron con facilidad y que ayuda a tomar oxígeno y creer en la posibilidad de recuperar el tiempo desperdiciado. Es relativamente probable que López Obrador se suba a la ola de popularidad, pero es poco probable que lo haga fuera de su país. Es consciente de que no conviene prometer más, ahora hay que enfriar los ánimos. En términos organizacionales y políticos nuestros países no están en condiciones de alimentar un resurgimiento en el corto plazo, todavía están lidiando con las derrotas y retrocesos sufridos en la última etapa, por más desprestigio y crisis política que acarree el ajuste económico en marcha. Por el contrario, las burguesías latinoamericanas y del Cono Sur, junto con sus gobiernos, son quienes con mayor optimismo vieron el triunfo electoral de López Obrador. La cumbre de Puerto Vallarta, a celebrarse el 23 y 24 de julio entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico, con la presencia de López Obrador (aunque todavía no sea presidente en ejercicio) es una prueba de ello.

La agenda de política exterior de López Obrador sí tendrá en cuenta a Sudamérica mucho más que los anteriores gobiernos mexicanos en virtud del cambio de la política exterior americana y su desinterés por el TLCAN y los acuerdos multilaterales en general. México destina el 80% de sus exportaciones a Estados Unidos y un porcentaje muy elevado de su economía está insertada en el TLCAN. Está obligado a buscar rápidamente nuevos mercados, al igual que los gobiernos sudamericanos. La renegociación del TLCAN está en suspenso hasta las elecciones estadounidenses de noviembre, donde Donald Trump verá si obtiene mayoría parlamentaria o tiene gobierno dividido. Pero la agenda sudamericana de López Obrador será comercial y neoliberal, con una promoción del outsourcing como modelo laboral, por más que en sus discursos y en su política social menosprecie esos mecanismos, no en su política económica ni en su política exterior.

La seguridad mexicana en la agenda de Estados Unidos

El secretario de Estado Mike Pompeo y el presidente electo Andrés Manuel López Obrador se reunieron durante una hora el pasado viernes 13 en la casa de transición de la colonia Roma, en la ciudad de México. Abordaron varios temas, entre ellos la seguridad.

¿Qué relación prevé se dará entre México y los Estados Unidos?

– Donald Trump saludó muy afectuosamente a López Obrador con quien habló durante media hora. Ambos líderes compartirán un modo de gobierno netamente referenciado hacia su masa de votantes, volcado hacia el interior. Pero por el mismo hecho de compartir ese sesgo “nacionalista” se verán obligados a chocar en su política exterior, a pesar de los intentos de López Obrador por re-editar la política de “paciencia estratégica” de Videgaray, aunque en términos menos sumisos.

Para Donald Trump, o sea Estados Unidos, López Obrador no es un enemigo ni un problema, pero México sí (por sus condicionamientos electorales, no por su posicionamiento geopolítico). Cuando López Obrador asuma como presidente el 1º de diciembre ya habrán pasado las elecciones de medio término en Estados Unidos y se sabrá cuál es el grado de gobernabilidad de Donald Trump. Si el resultado no fuera positivo para el actual presidente americano la presión sobre México se redoblará y la política exterior del gobierno obradorista se pondrá en un primer plano que no tiene en la actualidad.

México es muy importante para Estados Unidos pero no por el mismo motivo por el cual Estados Unidos es importante para México. Hasta ahora López Obrador no ha dado señales de ser consciente de la envergadura de poder de México y de las debilidades americanas. Por el contrario, su grado de prudencia en relación a la élite mexicana parece hacerlo inclinar por la mesura. Es importante hacer notar que López Obrador sí ha dicho que negociará el TLCAN con Estados Unidos buscando ampliarlo para incorporar a América Central, lo que constituye una habilidosa estrategia de política exterior y acercamiento a los países al sur de México.

Documental ‘Esto soy’

Versión completa del documental ‘Esto soy’ sobre la vida de Andrés Manuel López Obrador, producido por Verónica Velasco y Epigmenio Ibarra.

Sobre el autor /

Periodista en construcción. Le gusta leer y, al igual que su ídolo, sueña con jugar un mundial.

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