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Ideología de odio

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Por La Ninfa del Limay

Desde hace tiempo abundan en las redes sociales y en los diarios del establishment referencias a la noción de ideología como una cuestión propia de ciertos grupos: ideología de izquierda, ideología feminista y, la más utilizada en estos días, ideología de género. De esta manera los ojitos que consumimos dichos medios entendemos que la ideología es algo que se propaga y de lo que nadie está a salvo; ni tus hijitos propios tuyos. O sea, es tipo un virus que se te puede meter y te convertís en un ser horrible e inmoral gobernado por cierta ideología. Sin embargo, esta concepción de la palabra dista bastante de su significado. Para la desgracia de aquellas personas que se clasifican como apolíticas y/o sin ideología, debo decir que todo discurso es ideológico. Me pregunto si quienes cargan de cierto malestar esta palabra viven en el mar de las confusiones teóricas o, simplemente, buscan confundir a un enorme sector de la sociedad sumamente influenciable gracias a su reacción primigenia hacia todo lo diferente.

Seamos un poco más explícitas. Decir que cierto discurso carece de ideología es lo mismo que decir que ese discurso se construyó sin palabras. Todo discurso se basa en ideas acerca de la concepción de nuestro entorno. Entonces, toda manifestación de la realidad es ideológica. Decir que existe una realidad objetiva es equivalente a decir que existe una única forma de ver y estar en el mundo, ¿existe? Varias veces escuché unas voces impertérritas de alteridad que repetían a más no poder que si se niega la ley de gravedad igualmente nos moriríamos si nos tiráramos de un quinto piso. Esto lo decían en comparación con la percepción de género que puede diferir del mandato social biologicista.

El movimiento feminista y el colectivo de la diversidad sexual han despertado la reacción de sectores ultra conservadores que devuelven la ampliación de derechos con el estigma de la ``ideología de género``. (Las imagenes de ilustración son de Juan José Thomes)

Si nos tiramos de un edificio alto, tal vez terminemos muertas pero tal vez no. Además, ¿qué pasaría si la persona que se arroja al vacío sale volando?, ¿qué le pasaría al mundo estático de estos seres conservadores? Además, qué saben estos hombres sobre la ley de la gravedad. ¿Para ellos es una ley de atracción o presión? La gravedad todavía resulta difícil de explicar para las personas que se dedican a la física, por eso resulta rarísimo que supuestos hombres formados la utilicen tan sueltamente al compararla con una ley relacionada a la concepción cultural de la identidad como lo es la 26.743. Esto dice mucho de quienes lo hacen: la imposibilidad de aceptar los cambios en nuestra percepción que difieran de este orden establecido -que tampoco tiene tanto tiempo sobre la faz de la tierra. Por cierto, ¿no resulta falaz comparar una ley física con una ley vinculada a los derechos humanos?

¿Cuál es la ideología de quienes temen aquello que llaman ideología de género? Es, a simple vista, la ideología hegemónica. Esa que predica que lo establecido siempre fue así desconociendo toda cultura e historicidad que no sea la eurocentrista -con su virilidad hetero patriarcal estéril como piedra fundadora. En este devenir de lamentos por lo diferente, por la búsqueda de justicia a través de la ley -¿nos vamos a dar cuenta de que la ley no tiene nada que ver con la justicia?-, esa hegemonía construye día a día una ideología de odio. No existen dos ideologías ni tres ni cuatro ni veintitrés, pero la hegemónica es la cómoda estándar y consumista. Las otras dependen de la opinión formada de quiénes las eligen aunque resulten autocríticas, incómodas y hasta dolorosas. Porque pensarnos como seres que se relacionan mediante su concepción de las ideas nos convierte en personas cambiantes. Nos corremos de esas ideas que solamente construyen el odio hacia lo distinto -que también nos identifica-: el nacionalismo, la normativa heterosexual, los mandatos sociales, el dogmatismo religioso, el pensamiento colonialista y la moral burguesa. Ideas que han articulado muy bien para esbozar una comparación absurda e hiriente de mi elección de identidad de género con suponer que podría auto-percibirme como un perro. L*s invito a espectar lo que subyace de esta comparación.

Comentarios(2)

  • Paola Olivares

    22 agosto, 2018

    Excelente análisis, somos animales políticos dijo Aritóteles, más allá de que esta concepción es cuestionable, lo de político me parece acertado ya que la política atraviesa nuestras vidas en todos los ámbitos que se desenvuelve, para mí la apolítica como la meritocracia no existen
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