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Imperialismo Revolucionario

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La plataforma mundial de entretenimiento a demanda se pone el saco del soviet de Petrogrado para proyectar una serie que cuenta la historia de uno de los revolucionarios más influyentes del siglo XX: León Trotski. Grandes escenarios, muy buenos actores y la polémica con el nuevo zar, en la trastienda de la serie.

La verdad es que no soy muy adepto a lo audiovisual y reconozco que eso es una clara limitación para el esparcimiento. En la actualidad, mucho de lo que hacemos en nuestro tiempo libre, o en los intermezzo entre ocupaciones, es proyectar algún video o simplemente sentarnos a mirar NETFLIX. La gran plataforma de los sectores dominantes de la cultura del entretenimiento.

Ahí encontré a “Trotski”, una propuesta de revisión del pasado, en la lógica de la Rusia moderna, capitalista, expansionista y nostálgica. La serie se desarrolla en 8 capítulos de duración moderada (entre 45 y 48 minutos) y tiene por objeto contar la historia del denostado revolucionario ruso, pero desde su exilio en México.

‘Trotsky’, por Albert Montagut

La propaganda política ha sido durante buena parte de la edad moderna una gran generadora de problemas. Quienes pensaban que con las nuevas tecnologías y las redes sociales evitaríamos el problema simplemente erraban.

Allí, el viejo León, se encuentra radicado con Natalia Sedova, su esposa, como consecuencia de la ruptura en el circuito dirigencial soviético, que los obligó a salir de Rusia para, luego de un largo proceso, terminar refugiados en México, gracias a la prudente posición del nacionalismo mexicano encabezado por Lázaro Cárdenas.

El Trotski activo de la vida real, líder de la IV Internacional comunista e ideólogo de la disidencia por izquierda al stalinismo prosoviético, es mostrado en la serie como un hombre que recuerda la grandeza de la obra realizada a partir de los diálogos que le propone Frank Jackson (pseudónimo de Ramón Mercader), una suerte de “periodista” más tarde devenido en verdugo.

La serie en términos cinematográficos es espléndida. Logra recrear de forma excepcional los climas de las épocas sobre las que se basa el relato y se vuelve ciertamente verosímil, no sólo por ello, sino también por el asombroso parecido de los actores con los verdaderos protagonistas de la historia. El ritmo de narración es entretenido e incluso tienen algunos “giros” que ponen en diálogo, claramente alucinatorios, a Trotski con sus víctimas y rivales políticos.

La imagen del Trotski histórico se difumina en la interpretación de la serie. Aquí como Comisario del Ejército Rojo en la Rusia Soviética. Circa 1918.

“Trotski”, no ha pasado desapercibida. Fue originalmente proyectada en la televisión rusa para el centenario de la Revolución bolchevique y ha sufrido sendas críticas de organizaciones de izquierdas que la consideran “infamante” e incluso una lamentable “tergiversación” de la vida del líder revolucionario. Ahora se encuentra disponible para el público de habla hispana con opción de doblaje o idioma original.

Verla con reservas es una buena opción. No hay tergiversación que no pueda ser corregida con una buena sugerencia bibliográfica.

 

Jorge Alvarez Merino Feb/2019

Versiones y reversiones, breve reseña de una novela sin muecas

Hace un par de años, gracias a la recomendación de una amiga, comencé a leer una novela llamada El hombre que amaba a los perros (2009) del periodista y escritor cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955). Amar a los animales, especialmente a los perros, se me hizo encantador. Me intrigó todavía más cuando tuve la novela en mis manos y pude ver en la portada una foto de Trotski junto a dos perros. Me lancé a la lectura: claramente se conjugaba algo de mi fascinación por la historia de la revolución rusa y esos seres que tanto adoro, los perros. Enseguida imaginé que Liev Davídovich Bronstein sentía un gran amor por los perros, un rasgo tierno para un pensador, político y revolucionario que debió endurecer en su cargo de comisario de guerra y creador del ejército rojo.

El Hombre que Amaba los Perros

Leonardo Padura

 

Número de páginas: 576

Avancé algunos capítulos y noté el orden de esta apasionante novela. Se presentan tres personajes de los que se sigue una historia particular que avanza en cada capítulo, al principio, aparentemente sin conexión: por empezar, asistimos al relato de la vida de Iván, un veterinario que vive en la Habana y suele encontrarse, por casualidad, con un misterioso hombre que adora a sus galgos rusos; por otro lado, nos narra el exilio de León Trotski junto a su familia que culmina en México; y, en el tercer plano narrativo, la historia de un militante español llamado Ramón Mercader, hoy conocido por haber asesinado al revolucionario ruso. Capítulo a capítulo las historias comienzan a tejer sus lazos. Los personajes son construidos desde una complejidad psicológica que hace difícil, para quienes sufren o gozan de empatía, hacer radicales juicios de culpabilidad.

El hombre que amaba a los perros es una obra ficcional escrita mediante un arduo trabajo de investigación. Por eso resulta sumamente recomendable por sobre cualquier material audiovisual hasta ahora producido; cabe decir que algunos de estos últimos intentan solapar o imponer una perspectiva falaz sobre hechos que, gracias a diferentes documentos históricos, son ya conocidos por quienes se interesan y estudian la vida de Trotski y, la de su verdugo, el hombre de las múltiples identidades -aunque en todas ellas fue también amante de los perros- Ramón Mercader. Por supuesto que esto no se trata de ninguna verdad objetiva, sino una opinión de un lector atento, pero no tanto.

Horacio Benjamín Muñoz – feb/2019

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