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LAS COSAS TIENEN MOVIMIENTO

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Talking about my generation
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Talking about my generation
My generation - The Who

Los libros de mi casa dialogan entre sí. “¿Por qué escribimos?”, se pregunta Patti Smith en Devoción. Porque estamos ávidos de poder leer algo, responde Werner Herzog en De caminar sobre el hielo. * Por Mauricio Bertuzzi

En el año 1974, Werner Herzog agarra “una campera, una brújula y un bolso con lo estrictamente necesario” y toma el camino “más recto”, de Munich en Alemania a París en Francia. Entre lo “estrictamente necesario” para recorrer esos 800 km va un pequeño anotador y un bolígrafo, para escribir un diario que publicará cuatro años más tarde. “Una rara emoción, y el deseo de mostrarles el texto también a otros (…) pesó más que la timidez por abrir tanto la puerta a miradas extrañas”, declara en el prefacio.

Es curiosa esta metáfora ya que Herzog es un realizador cinematográfico y como tal, un célebre mirador por los agujeros extraños de las puertas.

En el año 2017, Patti Smith viaja a París con el ánimo de desandar caminos juveniles y rendir devoción a los escritores franceses y sus fantasmas. De allí salen dos textos, un diario y un relato que escribe “sin remordimientos y a vuela pluma en un tren”… total se lo va a publicar Gallimard, pienso.

Los dos diarios, con 40 años de diferencia en su escritura, tienen sentidos opuestos. En uno, Herzog quiere “irse de acá”; en el otro, Smith quiere “ir a casa”.

Werner Herzog (Munich, 1942) fue el fundador del Nuevo cine alemán junto a Reiner Fassbinder, entre otros. Algunas de sus películas son: Nosferatu, Fitzcarraldo, Aguirre, la ira de Dios y Woyzeck, teatro filmado, basado en la obra de Georg Büchner.

A uno lo sobrevuela la imagen de una patinadora sobre el hielo; el otro se titula en castellano De caminar sobre el hielo. Todas las metáforas. Uno, lo siente filoso en su cuerpo; la otra, lo usa como disparador para empezar a escribir:

“Suena el teléfono y se rompe el hechizo: han cancelado mi vuelo. Tengo que coger un avión más temprano. Me pongo en marcha al instante, llamo a un taxi, meto el portátil en la funda, la cámara en una bolsa y coloco el resto de cualquier manera dentro de la maleta. El taxi llega tan rápido que no me da tiempo a elegir qué libros llevarme. La perspectiva de embarcar en un avión sin un libro me produce una oleada de pánico. El libro adecuado puede ser una especie de maestro, que marca el tono o incluso altera el curso de un viaje.”

A Werner no le hacen falta los libros. Mira. Ve. “Un hombre viejo, envuelto en humo, llenaba con alimento una casita para pájaros junto a un abeto decorativo. El humo provenía de la chimenea. Lo saludé y dudé en preguntarle si no tenía café caliente sobre la hornalla. A la entrada del pueblo vi a una vieja chiquita de piernas curvas con la demencia grabada en el rostro; empujaba una bicicleta, repartiendo el Bild del domingo.”

El libro de Patti Smith (Chicago, 1946) es el último, después de M train, Tejiendo sueños y El mar de coral. Previamente había publicado Éramos tan niños, donde describe la escena intelectual de los ’70 y su amistad con el fotógrafo Robert Mapplethorpe. En muchos reportajes ella se encontró más emparentada con el mundo literario que con el musical; desde 2012 no publica un disco nuevo.

En la biblioteca de mi casa, los libros se mueven. Es de noche, afuera la última helada de invierno hace fuerza por caer y creo escucharlos a Patti Smith y Werner Herzog hablar de la película que harán juntos.

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