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Los cuentos de los años felices de Osvaldo Soriano

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El 6 de enero se cumplieron 75 años del nacimiento de Osvaldo Soriano en Mar del Plata. Aquí Pablo Montanaro, autor de “Osvaldo Soriano. Los años felices en Cipolletti”, publicado recientemente por Ediciones Con Doble Zeta, rememora momentos de la vida de Soriano en la Patagonia.

Fuente inagotable y escenario de sus mejores relatos, la Patagonia fue para Soriano el lugar y la etapa que siempre recordó con alegría. Esas vivencias patagónicas de Soriano se despliegan en muchos relatos que conforman su obra, pero principalmente en el libro “Cuentos de los años felices”.

El primero que escribió fue sobre un viaje por la Patagonia que evoca la Guerra de Malvinas. De inmediato apareció su infancia y la figura de su padre “se impuso” como núcleo de esos textos.

“Aquel peronismo de juguete” refleja la admiración, luego transformada en descreimiento, de un chico por el general Juan Perón que repartía pelotas de tiento “como las que tenían los jugadores en las fotos de El Gráfico, camisetas de fútbol, lanchas a alcohol, mientras el padre rogaba por su muerte.

En el cuento recuerda que cuando cayó Perón, él tenía 12 años y que cuando cumplió 13 empezó a trabajar como aprendiz “en uno de esos lugares de Río Negro donde envuelven las manzanas para la exportación. Choice se llamaban las que iban al extranjero; Standard las que se quedaban en el país. Yo les ponía el sello a los cajones. Ya no me ocupaba de Perón; su nombre y el de Evita estaban prohibidos”.

En “Petróleo”, Soriano narra un viaje en moto junto a su padre desde “el desierto” de Neuquén hasta Plaza Huincul para ver los pozos de petróleo “estamos en un camino de arena, en el desierto de Neuquén, y vamos hacia Plaza Huincul a ver los pozos de YPF. Salimos temprano, por primera vez juntos y a solas, cada uno en su moto. Él va adelante en una Bosch flamante, y yo lo sigo en una ruidosa Tehuelche de industria nacional. Es el otoño del 62 y está despidiéndose para siempre de la Patagonia”, describe al comienzo del relato.

Es un viaje cargado de enfrentamientos y discusiones –que aparecen también en otros relatos porque “he perdido su petróleo”. Tal vez, éste haya sido el mismo viaje en el que vio despeñarse a su padre de la motoneta, como tantas otras, y que describe en el relato “Caídas”.

Los Años Felices

'Osvaldo Soriano había nacido una tarde en que el sol rajaba la tierra en Mar del Plata, el 6 de enero de 1943, precisamente el Día de Reyes, en una modesta casa de madera sobre la calle Alvear. Cerca de allí, en el barrio Los Troncos, dos jóvenes escritores, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, tramaban las historias de don Isidro Parodi escondiéndose ambos tras el seudónimo de Bustos Domecq'.<br /> Escribe Montanaro en el libro 'Osvaldo Soriano, los años felices en Cipolletti', recientemente reeditado por Ediciones con Doble Zeta.

Soriano describe una de esas caídas. “Mi padre pilotea que es un desastre. Zigzaguea por la banquina mientras inclina la botella y se prende al gollete. (…) En la rodada pierde el pucho, las provisiones que cargamos en Zapala y hasta la figurita de Marlene Dietrich que me ha robado del álbum. Freno y vuelvo a buscarlo. A lo lejos diviso las primeras torres de YPF, que para mi padre son como suyas porque todo fluye de esta tierra y Frondizi dice que por fin hemos ganado la batalla del petróleo”.

En “Gorilas” la historia transcurre en los lluviosos días de septiembre de 1955, época en que el pibe Soriano cursa el sexto grado en la Escuela 33 “Juan XXIII” de Cipolletti.

El relato, en primera persona, es narrado por un joven que desde niño se consideró peronista contra lo que deseaba su padre. “Mandaba el General y a mí me resultaba incomprensible que alguien se opusiera a su reino de duendes protectores. Mi padre, en cambio, llevaba diez años de amargura corriendo por el país del tirano que no lo dejaba crecer”, cuenta.

Cuenta esa tensa relación de padre-hijo en base al peronismo. Entre el amor y el odio porque el padre lleva diez años de amargura en el país por el “tirano prófugo” que según este no lo deja progresar. Argumenta que Frondizi se exilia en el Uruguay para salvarse de las hordas fascistas. “Cae el hijo de puta, esta vez sí cae”.

Tres meses atrás la Marina había bombardeado la Plaza de Mayo, los militares destrozaban a martillazos la estatua de Evita.

Osvaldo Soriano en Los siete locos (1992)

Osvaldo Soriano en Los siete locos (1992)

Creo que allá en el Valle no se suspendieron las clases. Una tarde vinieron unos milicos que destrozaron a martillazos la estatua de Evita. Al salir del colegio vi a un montón de gorilas que apedreaban una casa. Los chicos bajábamos la cabeza y caminábamos bien cerca de la pared. El día en que Perón se refugió en la cañonera paraguaya mi madre preparó ravioles y mi padre abrió una botella de vino bueno”, escribió Soriano en el cuento.

La historia muestra a Isaac Rojas como héroe, mientras que el presidente de facto en 1955 Eduardo Lonardi habla por radio.

En el relato confiesa que 1955 “fue un año difícil” porque terminó mal la primaria y empezó mal el Industrial de Neuquén.Hasta que Rodolfo Walsh publicó Operación Masacre no supimos de los fusilamientos clandestinos de José León Suárez, ordenados por Rojas”.

El texto recorre, a través de la vida del narrador, los sucesos que se dieron después del derrocamiento a Perón en 1955 por la autodenominada Revolución Libertadora, hasta la promesa de regreso desde el exilio que hace en una cinta para los obreros que estuvieron en huelga en 1958. Y allí Soriano cuenta otra vez, como en “Aquel peronismo de juguete” que en el verano de 1958 empezó a trabajar “en un galpón donde empacaban manzanas para la exportación y en febrero se largó la huelga más terca de los tiempos de la Libertadora”.

En “Reloj” se ve la satisfacción del quinceañero que, con el sueldo ganado en el galpón de fruta de Cipolletti, se regala el primer reloj marca White Star de diecisiete rubíes, enchapado en oro y con correa negra.

Tras los pasos de Soriano

En la imagen Pablo Montanaro debajo del árbol inmortalizado por Soriano. La foto fue tomada durante el trabajo de investigación que el autor realizó para el libro 'Osvaldo Soriano, los años felices en Cipolletti'.

En “Encuentros” relata la historia de aquel tipo que en los años 40 ganaba los comicios en Neuquén sin salir del prostíbulo. Y el peral añoso, de tronco bajo, al que se subía por las tardes para refugiarse cuando se sentía triste es el motivo para comenzar a desentrañar, en “Rosebud”, sus recuerdos al regresar a la casa de Alem y Mengelle treinta años después de aquella infancia y adolescencia vivida.

Acaso “Rosebud” es el relato más melancólico y estremecedor que reconstruye la memoria de Soriano. Sylvia Molloy analizó que esos “sitios” de la memoria en lo autobiográfico forman parte del ejercicio del recuerdo de una conmemoración ritual “donde las reliquias individuales (en el sentido que le da Walter Benjamin) se secularizan y se re-presentan como sucesos compartidos”.

Caminando sobre sus propios rastros en ese jardín se fueron sucediendo un sinfín de imágenes: la calle donde lo atropelló un coche, la necesidad de creerse hombre “en una covacha alumbrada a candil”, las búsquedas existenciales pronunciadas a orillas del río Limay, el día en que lloró la muerte de su perro, el escritorio en el que su padre lo trataba de entusiasmar con la ingeniería, las tardes de verano leyendo “Las memorias de una princesa rusa”

Un día al volver sobre nuestros pasos, encontramos el árbol que la memoria había agigantado. Por un instante sentimos el sobresalto de una revelación. Hasta que descubrimos que lo que cuenta no es el árbol sino lo que hemos hecho de él”, escribió Soriano al final de “Rosebud”, volviendo a pisar las huellas de toda una vida.

Pablo Montanaro nació en Buenos Aires en 1964 y desde 2004 reside en Neuquén. Es periodista y escritor. Se desempeña como editor en el diario La Mañana de Neuquén. También es columnista sobre temas culturales en radios.

Ha publicado numerosos libros de poesía, el más reciente “Los nombres del oleaje” y también biografías “Francisco Urondo. La palabra en acción”, “Cortázar, de la experiencia histórica a la revolución”, “Juan Gelman: esperanza, utopía y resistencia”, “Osvaldo Soriano, los años felices en Cipolletti”. Además publicó “Construcción de la memoria: conversaciones sobre dictadura y genocidio”.

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