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MAQUINA DE ODIO 3.0

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“el nacionalismo es nefasto y cae
por su propio peso. […] imaginen una estatua
hecha de mierda que se hunde lentamente en el
desierto: bueno, eso es caer por su propio peso”
Roberto Bolaño

Volver nunca es fácil. Una se va, siempre se va, y cambia. Cuando regresa ha cambiado tanto como lo que ha dejado allí donde vuelve, sea lugar, sea escritura, sea diario o revista. La cuestión es que hiberné por dos años. Dos años que nadie me metió en el freezer porque no soy un pedazo de carne muerta, sino un ser del río que tiene parientes también en los bosques. Las ninfas a veces elegimos guardar silencio, meditar y contemplar sin intervenir. Una elige volver tanto como elige ser independiente, a diferencia del periodismo interesado y fabulador que se dice independiente. Las ninfas no somos periodistas, sino seres que a veces parecemos personas, otras no tenemos forma y fluimos en el río, en el bosque, en el viento y en tu gesto humano.

Hoy me despertó el odio, ese odio que algunas personas, de esas humanas, supieron tantear a través de la magia. Hay que tener voluntad para tantear ese odio y salir ilesa, pero lo cierto es que nunca se sale ilesa. Un gran amor humano dijo: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé […] como del odio de Dios”. Ese odio me ha perturbado por más de un mes, ese odio me desperezó y al dejar la mera contemplación de lado, me pregunté “¿que nos ha pasado?” “¿dónde están esas personas humanas que alguna vez elegí imitar?” Esas que me gustan porque a veces creen entender la magia, juegan con ella cuando en realidad la magia les hace el juego. A vos que me despertaste con tu odio, no más puedo decirte que ojalá algún día se te cuele la magia por las enaguas o lo que uses hoy y dejes de ser un autómata: ese sonámbulo que vive el ensueño de la sociedad impoluta que, según lo que me dijiste, siempre fue así y ahora la quieren cambiar.

Digo magia y en palabras ni yo misma me entiendo. Puedo preguntarme qué es ser humano sin contestar. Entonces quedo mirándome las manos por un rato atemporal. Si no puedo decir qué es humano, puedo decir que no lo es. Por ejemplo, odiar al otro. El odio es un sentimiento, pero también es la materia prima de explotación para quienes preservan el extractivismo por sobre las personas. Hay zonas de sacrificio. Por eso me voy corriendo de río en río. Todas las personas de este área vivimos en una zona de sacrificio. Digo todas -personas todas- por lo que también me refiero a las comunidades mapuce y mapuce-tewelce , y esto lo hago por sobre la objeción de varias mentes cargadas con un sistema operativo obsoleto -ese que todavía trae en su carga inicial el nacionalismo como un algoritmo en el que hay personas menos valiosas que ese yo supremo pre-cargado.

El agua y la tierra no son los únicos sacrificios, las personas también lo son: tres elementos parte de la mismísima vida. La zona de sacrificio somos todas las que vivimos aquí o allá. En este área sur, nos hermana ser el sacrificio para el otro. Ese otro poderoso, aquel que cuenta con el máximo valor de nuestros días: the green paper. Ese otro mercenario que se encarna en el estado, en las empresas multinacionales y en los terratenientes alambratutti.

¿Qué es tan valioso para que justifiques todo hecho aberrante? En tu discurso, lo percibo entre líneas; no me dejo llevar por ese máximo valor. Me digo que además del cielo, en esta ciudad recalcitrante, me queda el río que, a pesar del odio, en su murmullo todavía trae palabras de la conversa ancestral: inche kallfü / amulepe taiñ / weichan.

Ninfa del Limay
Sept-2017

Sin pretensión de verdad compartimos una imagen que pueda ilustrar,  tal vez, si no el rostro, al menos la forma de una Ninfa que ha tomado este sitio como propio.

Sus columnas emergerán los viernes, porque es cuando ésta Ninfa considera más oportuna la divulgación de una literatura que, como la de Arlt, pueda ser percibida “como un cross a la mandíbula“.

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