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Mario Flores Monje: “Las Malvinas como guerra nos desubica”

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El hijo de Mario Flores, tripulante del Crucero General Belgrano que fue bombardeado por los ingleses, recuerda a su padre, quien intuyó que de la guerra no volvía. Asegura que Malvinas es “mucho más que unas islas y una guerra; es futuro y el lugar en donde vive el pulso de una nación que desde hace más de 180 años se esfuerza por revertir una violenta usurpación”.

POR PABLO MONTANARO

La fotografía del Crucero General Belgrano hundiéndose, luego de ser atacado por dos torpedos disparados desde el submarino nuclear británico Conqueror, provoca en Mario Flores Monje una profunda tristeza no sólo porque su padre fue uno de los 323 tripulantes que no lograron sobrevivir sino porque esa imagen representa la soledad del combatiente. “El sentido de esa imagen no es muy distinta al de un soldado en una trinchera: están solos”, afirma Mario, quien ese 2 de mayo de 1982 tenía tan solo 11 meses de vida.

Su padre, Mario Enrique Flores, oriundo de Córdoba, tenía 33 años cuando como suboficial de cargo control tiro (a cargo de procesar las amenazas que tenía el barco y priorizar a qué dispararle), abordó el buque que, en el momento de ser atacado, estaba en la zona de exclusión de la guerra y no representaba amenaza alguna para la flota inglesa.

Mario, licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, coincide con el historiador Federico Lorenz que sostiene que el Crucero Belgrano es una metáfora de la Argentina “no por sus historias como barco sino por sus más de 1093 tripulantes”. Y agrega que “los tripulantes son la mitad de todos los caídos en la guerra (649). La mayoría conoció el mar arriba del Belgrano”.

Considera que la guerra “realmente” comenzó un día antes del hundimiento del Belgrano, “ya el 1 de mayo empezó el bombardeo británico, todo lo anterior fue una tensa espera con combates, aclaro que no me olvido que hubo enfrentamientos y murieron soldados argentinos”.

Efemérides 02 Mayo de 1982 Hundimiento del Belgrano

Estando fuera de la zona de exclusión, durante la guerra de Malvinas, el veterano crucero es atacado por el submarino HMS Conqueror. El impacto de dos de los torpedos, lanzados por el submarino inglés, provocó su hundimiento, en el que murieron 323 de sus tripulantes.

Cuando se inició el conflicto con Gran Bretaña, Mario vivía con su mamá Ester –nacida en la localidad neuquina de Bajada del Agrio- en Puerto Belgrano. “Lo que resulta paradójico es que se casaron un 2 de mayo de 1975, la misma fecha en que mi papá murió en el Belgrano”. Unos años después de la guerra, Mario y su mamá se trasladaron a Neuquén.

Confiesa que comenzó a reconstruir la figura de su padre “sin fotos” porque se llevó todas las fotografías familiares al crucero. “Cuando supo que debía abordar el Belgrano firmó un poder para que mi mamá pudiera cobrar su sueldo. Mi mamá le rompió ese poder. Él le dijo que no iba a volver de la guerra”.

“Al principio yo estaba muy enojado, era lógico en un adolescente porque a los familiares de los ex combatientes nos dieron más medallas que contención social. Por ejemplo, en el gobierno de Raúl Alfonsín recibíamos una beca mensual para que los hijos de los tripulantes que habían muerto en el Belgrano pudieran estudiar. Luego en la época de la hiperinflación, la beca la cobrábamos cada dos años”, explica.

Asegura que Malvinas es “mucho más que unas islas y una guerra; es futuro y el lugar en donde vive el pulso de una nación que desde hace más de 180 años se esfuerza por revertir una violenta usurpación”.

Por eso impulsa junto al Centro de Veteranos de Neuquén que se capacite a los docentes para incorporar el tema Malvinas en el estudio de la historia de nuestro país, que se enseñe quiénes fueron los combatientes locales, por qué pelearon y por qué hay calles, plazas y barrios que llevan sus nombres.

Mario, licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Su padre, Mario Enrique Flores, oriundo de Córdoba, tenía 33 años cuando como suboficial de cargo control tiro, abordó el ARA General Belgrano.

“En las escuelas enseñan que las Malvinas son argentinas como si fuera un mantra y sin exponer los argumentos”, precisa. Recuerda que cuando estaba en quinto grado su maestra de Geografía dijo que a las Malvinas había que dibujarle la bandera británica. Mario esperó el recreo para decirle a la maestra que no estaba de acuerdo. “Le conté cómo me habían contado la historia de Malvinas, de manera natural, sin complejos y que mi padre murió en la guerra. ‘Por eso creo que hay que ponerle la bandera argentina’, le dije y la maestra estalló en llanto”. Agrega que Malvinas como guerra “nos desubica, tratamos de ponerla en el lugar que cada uno puede, porque también la gente confunde la dictadura con el reclamo de Malvinas”.

Asegura que “hablan de la usurpación de 1833 y de los ingleses, y la guerra es como una tapa de hierro en la historia. Los veteranos y familiares se esfuerzan para levantar esa pesada tapa porque Malvinas es más que una guerra”.

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