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Rompé lo que piensa

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* Por la Ninfa del Limay

Hace unos días, en un colegio del oeste neuquino, dos estudiantes se quejaron ante los directivos de que alguien había destruido un afiche que colgaron en la pared de uno de los pasillos. No era el trabajo de ninguna materia, ellas dos lo habían confeccionado porque consideraron que era necesario. El afiche tenía los argumentos más importantes en relación a la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Cuando hicieron público su descontento, en la entrada a clases, varias personas dijeron que “las feministas” también rompían los carteles “a favor de la vida”.

Si se quitan las manifestaciones de aquellas personas que piensan distinto y se justifica por lo mismo, ¿dónde está el diálogo? Si la discusión se encuentra en la esfera de lo público, ¿por qué abordarla desde las creencias particulares del ámbito privado? A su vez, decir que romper uno de los afiches es malo y el otro no, ¿es practicar una doble moral? Será que resulta de tal intolerancia presenciar la expresión de un pensamiento distinto al propio que la reacción sea desecharlo para no verlo más o, desde la práctica de la mismísima censura, evitar que otras personas lo vean y sean convencidas por tales argumentos.

Mujeres del mundo PIDEN la LEY DE ABORTO SEGURO Y GRATUITO en ARGENTINA – Colectivas Deseantes

El 13 de junio será un día histórico en Argentina: se votará por primera vez en nuestro país la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Desde Colectivas Deseantes nos sumamos a la lucha incansable y estamos felizmente acompañadas por mujeres de todo el mundo que apoyan esta lucha. .

Es vox populi, salvo para algunos desentendidos embobados por el mundial de fútbol, que esta semana, para la alegría de muchas y el descontentos de otras, obtuvo media sanción la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. En varios portales de noticias y en las infatigables redes sociales se afirmó la intensidad del debate. Sin embargo, quienes espectamos la sesión de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina pudimos apreciar una especie de monólogo de cada persona emitiendo una opinión a veces propia, a veces del partido, a veces incierta. Es cierto que cada persona en alguna que otra de sus expresiones retomaba la palabra de alguien más para criticarla de forma impune, pero nunca se concretaba un ida y vuelta de la exposición de las ideas para desbaratar argumentos, defenderlos o re-preguntarlos. Así, cada quien decía lo que creía su versión de la verdad o, sin importarle su ideal, votaba lo que consideraba conveniente en su posición de representante de un territorio donde resulta innegable la enorme cifra de mujeres muertas debido a la realización de abortos clandestinos.

Las intervenciones pasaron de la elocuencia hasta el mismísimo balbuceo: un pediatra que debería asistir a un taller literario, un joven que todavía no se enteró de su función nacional restringiéndose a las encuestas de su provincia, una comparación de las mujeres con las perritas, el pedido por un cementerio de fetos y hasta un relato, que resultó sorpresivo, de una diputada que fue policía y cambió notablemente su forma de concebir a las mujeres que deciden interrumpir su embarazo: de delincuentes a víctimas de un sistema de salud que no se ocupa de ellas.

Al parecer nuestra práctica de desoír e imponer por encima de otra persona, sin mediar debate ni intercambio de opiniones, aquello que consideremos lo correcto o lo más razonable -según nuestras creencias e ideologías- nos imposibilita convivir democráticamente. La bronca, el descontento, la falta de respeto, el chicaneo esgrimido por quienes representan a un país totalmente desequilibrado lo demuestran. El debate no estuvo allí. Estuvo en las calles, en las casas, en las escuelas, en las paradas de colectivo, en las universidades, en las reuniones de amigos. Allí, realmente se debatió.

Por supuesto que la alegría inundó las calles con un oleaje de los pañuelos que usamos quienes entendemos que es un derecho que cada mujer decida. También somos quienes leímos caprichos machistas en muchísimas de las expresiones de los diputados que manifestaban una molestia, una gran incomodidad no porque realmente les interese salvar una vida, sino que en sus palabras subyace esa negación a que la mujer sea quien decida su proyecto de vida. Por supuesto que entre tanto malestar una diputada, para justificar su voto, tuvo que sincerarse y dijo algo así: “estoy en contra de la ley porque le estaríamos dando derecho absoluto a las mujer sobre su cuerpo”. En mi humilde pero reflexiva opinión, justamente eso es lo que molesta y por lo que, a pesar de los numerosos argumentos sólidos, todavía se sostiene la negativa a este derecho.

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