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Slam poético en ¿el desierto?

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Son las 21:15 del sábado 23 de febrero. Hace unos minutos finalizó “Lecturas de Tarot con final feliz (un slam poético)” organizado por La Retaguardia, en la Librería Hypatia, ubicada frente a la estatua de Abigael Bohórquez, en la ciudad de Hermosillo, estado de Sonora (México).

Participaron catorce voces poéticas que nos hicieron vibrar a quienes estábamos allí, sedientos de versos, desde su búsqueda estética, su cadencia, su particular timbre de voz y su forma de poner el cuerpo. Si bien fue un florecimiento de diversos climas, la juventud caracterizó al colectivo de corporalidades que, rítmicamente, dieron brote a sus palabras.

Al comienzo, Edgardo Anduaga González, organizador del evento y uno de los fundadores de La Retaguardia, detalló en qué consistía el slam: dos rondas de recitado, de siete minutos máximo cada una. Al final, todas las personas que asistimos, tanto participantes como espectadores, votaríamos por dos poetas.

La competencia resultó excusa perfecta para saborear la sonoridad de las palabras que, desde un cuerpo en resonancia, nos invadió como conjunto expectante. El primer participante, Aziz Córdova (Agua Prieta, 1995), nos llevó a una escena de sus compitas borrachos, en la que los dientes de esos brothers eran perlas brillantes. Soltaba sus versos mientras movía su mano para dejar salir aquello con un ritmo veloz, justo, cotidiano; en la segunda ronda, se desenvolvió en espanglish, sin necesidad de leer, con una potencia propia del rap. Luego, compartió sus textos Christopher McPherson (Hermosillo, 1998) en los que la atmósfera se llenó de cenizas mientras afloraban las preguntas sobre el amor en un vacío que se arrodillaba ante la oscuridad. Continuó Víbora Retano (Hermosillo, 2001) con una fuerte actitud al frente, sus versos construyeron con el cuerpo del amante un templo en el cual refugiarse, sentimos la invitación a entrar allí. Siguió Andrés Lechuga (Heroica Nogales, 1995) con un poema en el que lo rosa se volvió manifestación del todo, aunque sufrió una interrupción debido a que un muchacho del público se desmayó; fue la presión baja o las palabras poéticas, no supimos si ambas, pero no pasó a mayores. Madoll Rodríguez (Empalme, 1994), luego de asistir al joven desmayado que al despertar pudo contar los dedos de la poeta, pasó al frente y en registro poético nos dejó claro que la realidad no es tal. Elote Erre (s/d) se paró sereno y declamó sus versos de “Lolita” y “Teoría de la hueva” en un registro anárquico. Ingmar Sau (Hermosillo, 1993) apareció desde otro salón de la librería y, casi sin quererlo, en la primera ronda nos dejó un verso de silencio para, en la segunda vuelta, soltar que la telaraña es una marioneta del tiempo. Tristán Tzaráracua (s/d) detrás de sus pequeños anteojos dijo que podría recitar los memes más tristes esta noche. Pacock Rascón (Villa Juarez) destiló una sustancia roja que erotizaba y a la vez daba vida. Jorge Boijseauneau (Hermosillo, 1998) desplegó su identidad de poeta maldito en el amor para abrir una escena de pasaje en que los personajes de “Hey, Arnold” tomaban. Bryan Gastélum (s/d) no pasó al frente solo, se presentó con su guitarra, de la que emanaba incienso, y sus versos se hicieron canción. Adrián Alejandro (Hermosillo, 1998) puso cada partícula de su cuerpo para recitar sus poemas: ásperas, graciosas y peligrosas sátiras políticas para el contexto que detonaron risas y farra entre el público. Alexia Santini (Hermosillo, 1999), como un conjuro, lanzó sus versos que conjugaban dioses, mentalismo y percepción. Eduardo Barba (Tijuana) nos llevó al segundo que da vida en una línea caótica en la primer ronda para esfumarse en la segunda.

Los ganadores del Slam durante la premiación - fotografía del grupo ``La Retaguardia``.

Enseguida votamos y estos fueron los resultados: en primer lugar, Adrián Alejandro, a quien debemos cuidar de los distintos poderes ejecutores, se llevó Rayuela, de Julio Cortázar, una revista La Rendija, una revista Hayaza y un DVD de Cortometrajes de Red Nacional de Polos Audiovisuales; en segundo lugar, Tristán Tzaráracua, en su autorreferencialidad musical, se llevó En Memoria de Nadie (Compilación de novelas), de Óscar Palacios, dos revistas La Rendija y dos revistas Hayaza; en tercer lugar, Elote Erre se llevó una revista La Rendija, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda y una deliciosa Maruchán -de habanero, claro. Además, cada uno de los ganadores recibió un ejemplar de Korova, poemario de Carlos Hidalgo, gentiliza de compañeros literatos de Ciudad de México que se encontraban en la ciudad por el XV Foro de Estudiantes de Lingüística y Literatura, de la Universidad de Sonora.

Al terminar el encuentro, algunas personas nos quedamos a compartir bebidas espirituosas y lecturas que continuaron casi hasta el amanecer y, aún así, no calmaron nuestra sed poética por lo que esperamos con ansias un nuevo encuentro de este tipo

Para felinos curiosos, para difundir, o para quienes quedaron con ganas de más lecturas, algunos de los participantes cuentan con espacios digitales en los que comparten sus textos, basta con clickear sobre sus nombres. ¡Hasta la próxima reunión de La Retaguardia!

H. Benjamín Muñoz – Feb/2019

Comentarios(2)

  • Fer

    26 febrero, 2019

    Bello relato. Gracias por tejer esa red. Un abrazo enorme.

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