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Tiempo de aprender

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Por La Ninfa del Limay

Antes creía que ya no quedaba nadie sin ir al escuela, ahora sé que todavía hay personas que no tuvieron la oportunidad. Pero la mayoría de la gente que nos cruzamos a diario ha sido escolarizada. Me acuerdo que cuando nos reunimos, hace un tiempo, un grupo de ex compañeros y compañeras de la escuela secundaria nos acordábamos de los profesores, profesoras y algunas anécdotas de esas que te dan gracia o te dan tristeza. Algunas personas rememorábamos ciertos momentos que otras no. Pero sí en algo coincidimos fue en la desmemoria; no nos acordábamos nada de los contenidos de las materias. Sin embargo, otros gestos ocupaban esos lugares del recuerdo.

Las quejas debido a la falta de clases se esparcen y resuenan reproduciéndose. Varias personas sostienen el argumento de que los y las estudiantes van a ser burros o que quienes van a escuela privada les están sacando ventaja. Esos argumentos de tanta meditación son solamente algunas gotas de agua en el caudal de opiniones tan fundamentadas de nuestros días.

En ese caudal, la principal pregunta, que no se lanza sin indignación, es cómo van a recuperar los días de clase perdidos. Por supuesto que la responsabilidad es de los y las docentes con una guía práctica y elaborada por nuestros sesudos funcionarios. Cuestión que realmente es imposible porque el tiempo pasa y el año no se puede extender. Es como intentar atrapar una nube entre las manos. Por otro lado, hay quienes abogan por la recuperación de contenidos. En otras palabras, lo que se solicita es que se aseguren los contenidos básicos del programa. Entonces, ¿las clases o los contenidos?

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Superarán la de 2013, que duró 39 días. La medida de fuerza se extenderá hasta el lunes 28 porque el viernes es feriado.

Es sencillo repetir que las personas que perdieron días de clase no van a aprender nada este año o no van a aprender todo. Pero si se respira profundo por un instante y se piensa eso que se repite es posible vislumbrar una lógica que dista bastante de una situación en la que realmente se aprende.

El reloj corre y es tan veloz que no lo podemos alcanzar. Debe ser que nos falta hacer ejercicio, pero no tenemos tiempo para eso. La lógica, nuestra lógica, es la de la cantidad. Tampoco es algo muy extraño, ya que no cabe duda que es la que prima desde una concepción acumulativa: mientras más dinero mejor. De allí, mientras más se produzca en menos tiempo mejor y, como dijo un Sr. bien estructurado, “el tiempo es dinero”, y el tiempo en la escuela, ¿es dinero?

También creí mucho tiempo en la lógica de la cantidad. Por suerte ya me desmadré y ante mí ese mito ha caído. Que haya más no significa que sea mejor. Pero no es el único engaño que sostiene esas quejas. Sabemos que todas las personas somos diferentes. Manejamos distintos conocimientos, aprehendemos de formas diversas y hasta la percepción del tiempo es subjetiva. Para gracia de muchas y mal de otros, el ámbito escolar no escapa a estas diferencias y creernos que en un grupo de personas se depositan contenidos como si cada una fuera la pequeña caja fuerte de un banco es totalmente falaz. A eso se le suman emergentes que dar por tierra esa pobre concepción que dice “mientras más clases más conocimiento”.

Seremos unas desmemoriadas todas las personas de mi grupo de la escuela que no podemos reproducir ninguno de los contenidos a ciencia cierta -salvo el título de uno que otro libro- o será que eso nos pasa a la mayoría y no lo pensamos o, si lo hacemos, optamos por la hipocresía de sostener que mientras más tiempo ergo más información se carga -como en las computadoras.

Lo que aprendí en la escuela no tuvo que ver con los contenidos, ni tampoco con la cantidad de días de clases -porque además del paro, las veces que no había clases era por falta de gas, luz o las deplorables condiciones del edificio escolar. Será que sabemos todo esto, pero como es más facilito hacer “como si” también en la escuela, lo que reclamamos, realmente, es esa puesta en escena en el que en un horario determinado se le meten contenidos en la cabeza a quienes están allí.

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