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UN ¿NUEVO? ESCENARIO

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Terminado el calendario electoral, los resultados no solamente arrojaron una nueva reasignación de bancas en el Congreso sino también dejan abierta una multiplicidad de preguntas e hipótesis sobre cuáles fueron los factores que derivaron en este ¿nuevo? escenario político.

Una de las primeras cuestiones a destacar y que quizás sea necesario insistir -porque a más de uno le sigue resultando sorpresivo- es que Cambiemos dejó de ser hace tiempo una novedad, un fenómeno. Cambiemos maduró definitivamente como fuerza política y estas elecciones legislativas lo terminaron de consolidar a nivel nacional. Ser Ejecutivo es sin lugar a dudas una de las claves que explican cómo se pasó de tener poca presencia territorial a coparlo casi todo. Se podría decir que la performance de estas legislativas eran lo lógico, lo esperado.

Esto puede explicarse solamente por ser el partido de gobierno? Es un factor de peso muy importante, pero no lo es todo. Existen y conviven otra serie de elementos que van de la mano.

Cambiemos -como muchos analistas coinciden- nunca dejó de estar en campaña. El timbreo generó un efecto no en su eficacia como canal para resolver demandas de la ciudadanía sobre políticas públicas, sino en hacer parecer que. No importa si el funcionario toma nota de si el vecino le plantea un problema con el bache de la cuadra. Lo que importa es que los millones de consumidores en redes sociales, vean que hay una cercanía entre el político y el ciudadano, que habría una potencial resolución del reclamo. O que comparten mates, una charla amena, una situación cotidiana. No hay actividad partidaria que convoque, no hay que movilizar ningún aparato político, no hay banderas. No hay ideología ni sentimientos de pertenencia. Hay una masificación de la marca timbreo

Si estamos ante la presencia de un contexto de deconstrucción de las identidades políticas, de crisis de las mismas; la empatía y la construcción de consenso cambian su plano de acción, se mueven en otros ámbitos. La hegemonía se construye y fortalece entre otras cosas en la inmediatez de las redes sociales y en la enorme ayuda que brindan los medios de comunicación en marcar agenda.

¿Y POR CASA COMO ANDAMOS?

Si bien las elecciones intermedias no han sido históricamente las de mayor desempeño efectivo del Movimiento Popular Neuquino, esta vez quizás deban ser vistos los últimos resultados como señal de alerta; sobre todo teniendo en cuenta el contexto descrito anteriormente, con una coyuntura que de cara a 2019 podría terminar resultando perjudicial y con un intendente capitalino que viene pidiendo pista hace tiempo, que esta vez sí cuenta con el apoyo del aparato nacional y el viento de cola amarillo.

La reconfiguración del territorio y la consolidación del mapa electoral son entonces otros de los factores a tener en cuenta.

Como analiza la Dra María Esperanza Casullo en este informe , el crecimiento demográfico de ciudades como San Martín de los Andes, Villa la Angostura y por sobre todo Neuquén (y el Área Metropolitana que la conforma) principalmente con migrantes sin lazo identitario al MPN, perjudica cada vez más al partido provincial. La prevalencia de las marcas por sobre las identidades y la presencia cada vez mayor de población que no se siente interpelada con el sentimiento de neuquinidad y la defensa de los intereses provinciales se presentan como un problema sobre el cual el Movimiento Popular Neuquino debería tomar recaudos, y repensar una estrategia que supere a los intentos de solamente provincializar una contienda electoral. Otra vez volvió a jugarle en contra. Quedan todavía dos años para aggiornar y revalidarse en las elecciones para ejecutivo provincial.

Omar Gutierrez y Alma 'Chani' Sapag en el aniversario de los Miches y Andacollo. Foto: Prensa de Gobierno.

EL CASO VECINO

En la provincia de Río Negro, tal y como explica el analista político Rodolfo Paniceres en una reciente entrevista radial se reproducen algunos de estos elementos.

La dispersión territorial de la provincia y la multiplicidad de identidades y costumbres se mantienen como problemas que el intento de construcción de la rionegrinidad por parte de Weretilneck nunca pudo superar, enterrado casi definitivamente con la mala decisión de dar de baja a sus candidatos semanas antes de las elecciones.

Por su parte, María Emilia Soria supo aprovechar tanto la marca que su apellido implica en la historia política provincial, como la nacionalización de su campaña, terreno que con la retirada de la lista de Juntos Somos Rio Negro y la ausencia de un debate provincial, le quedó servido en bandeja.

En un contexto social donde las identidades y las tradiciones políticas son permanentemente atacadas y cuestionadas, sumado a un creciente fomento hacia toda forma de apatía política y una dinámica de reconfiguraciones del entramado social cada vez más complejo, el panorama para aquellos partidos que sostienen su base electoral o buscan hacerlo en función de la empatía hacia lo local, están ante un panorama complicado.

Territorialidad, identidades y marcas son factores que juegan un papel clave en la elecciones pero sobre todo en los períodos entre ellas, que es donde se definen las sustentabilidades de proyectos políticos a mediano y largo plazo.

María Emilia Soria el 22 de octubre en el colegio en el que votó. Foto: Prensa de Campaña.

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