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Valle apocalíptico el nuestro

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Hace unos días la tan recorrida calle Antártida Argentina se iluminó de diferentes tonos de anaranjado y no por el atardecer. Era casi el medio día cuando un colectivo de la magistral empresa encargada del insoslayable transporte público de la ciudad ardía en llamas. La escena era un fragmento de cualquier imagen que se tenga, literaria o fílmica, de la explosión del apocalipsis. Tampoco resulta una escena aislada, no es la primera vez que sucede pero si la primera en que ningún pasajero se ve afectado. El poeta Robert Frost escribió algo así: alguien dice que el fin del mundo será fuego, alguien dice que será hielo.

El fuego, elemento noble de purificación, en nuestro territorio representa una amenaza para la mayoría, pero un beneficio para la minoría emprendecegadora. Nuestro bosque, que parecen muchos pero es uno inmenso

, se incendia casualmente en aquellos sectores que no podrían ser loteados por las inmobiliarias. Al perderse la flora y la fauna por las llamas, el ejido municipal o provincial que custodiaba esas zonas libera

la venta para esos ansiados proyectos inmobiliarios.

Los volcanes también erupcionan en periodos cada vez menos espaciados, como dando campanas que suenan más y más seguidas. El turismo, ingreso económico de privilegiados y no tanto, suele verse afectado. Por lo menos es lo único que se dice afectado, el resto no lo vemos o no nos importa. Tampoco vemos muchos de los incendios en los yacimientos petroleros. Cada tanto, como para no bajar el índice estadístico de accidentes, sale en nuestros dos potentes periódicos la noticia de un incendio con una brevísima declaración del caballito o del secretario de medio ambiente, que son casi lo mismo, diciendo que ya está todo okey y que durmamos sin frazada que no pasa nada.

Carl Orff – O Fortuna ~ Carmina Burana

Carl Orff – O Fortuna ~ Carmina Burana Irudiak: Joseph Mallord William Turner

En el sur sur de la Patagonia, bien bien al sur, el hielo también espera penitente su oportunidad de mostrarnos el fin. Pero somos unos bichos que nos adelantamos a los hechos y eliminamos el elemento cancerígeno antes que sea tal. Así, además de derretirse por el calentamiento global, el hielo del sur sur está siento cosechado. ¡Sí! Cosechado como soja. Se extrae para derretirlo y exportarlo en estado líquido. Hay dos empresas fuertemente constituidas en las inmediaciones de tales reservas naturales que exportan ese agua datada de ciclos

atrás.

Las empresas que se mojan las manos no son solo las internacionales sur sureñas, sino también las internacionales norteneuquinenses. Las represas se encargan de generar energía eléctrica, como también desviar caudales para el riego, estancar el agua para la pesca y otras actividades de recreación y megaemprendimientos -turísticos / inmobiliarios. El agua aquí cerquita también es dinero. Esto ya se lo han imaginado, incluso existe una historieta que lo ilustra: el accidente en el que las presas y diques caen y cubren nuestras ciudades de agua.

Podría seguir, pero esto se trata de una columna semanal y no de un glosario de fuego y hielo del fin del mundo en el fin del mundo. El apocalipsis, después de todo, es una revelación. Frost no se equivocaba y en nuestra exótica amada Patagonia el fuego y el hielo nos revelan ese sentido del fin que se acerca de a poco, aunque no queda claro de qué es el fin, sí a quiénes les conviene el calor y la sequía y a nosotras, que leemos, no nos conviene nada.

La Ninfa del Limay

ABRIL – 2018

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