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VILLANO(S)

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“Yo me refiero al río donde todos los ríos desembocan,
al gran río podrido,”

Gonzalo Rojas

“¿Siempre ganan los buenos?” Me preguntó una vez mi hermana menor. Le contesté lo que en ese momento era la verdad para mí: “en los dibujos, siempre ganan; en la vida, a veces”. Después de tantos años, tanta agua bajo el puente del río Limay, mi devenir Ninfa, me reitero la pregunta. La cagada para mí, lo difícil, en este presente -sí, presente como ese momento inasible que ya fue- es mi descreimiento de lo maniqueo. El binarismo bueno-malo me resulta absurdo.

Muy a mi pesar, lo absurdo todavía imprime en nuestras ideas una manera de pensar. La receta es muy sencilla: conformar un villano o una villana mediante la caja boba. Esa caja que antes era enorme y ahora es finita, que insisten en dejar encendida todo el día, costumbre que le quita su entidad de medio de difusión artístico, para convertirse en un mediocre susurro hipnótico. En segundo lugar, esperar; no importa si puede comprobarse lo que la caja manifiesta sobre ese sujeto malo, esa persona o grupo megamalísimo, la gente lo repetirá porque, obvio, no se duda de una caja y menos si es boba. Por último, añadir una pizca de odio; esto varía según la presión arterial y se regula por los deseos reprimidos (para tener en cuenta: si otras personas cumplen los deseos reprimidos, eso generará cantidades de odio insospechadas. Puede conservarlas en un lugar oscuro y fresco para futuras recetas; el odio no vence).

Entonces, los buenos por un lado, gente bien y bonita que persigue el desarrollo, y los malos por otro, esos feos a los que el desarrollo no representa o no comparten esa idea de los buenitos como desarrollo. En fin, como en los dibujitos que mirábamos con mi hermana: buenos y malos disputándose algún tipo de poder. En esa época, por supuesto, nos posicionábamos a favor del bueno sin más miramientos. Quién iba a querer que gane Pierre Nodoyuna, Skeletor, Mumm-Ra, Gárgamel. Monstruón o las mentes monstruosas. Esos personajes que, en su mayoría, representan cierta monstruosidad, lo negativo, lo que nadie quiere ser.

No es que esté mal pensar en el bien y el mal. De hecho, si lo estuviese este escrito sería una paradoja. La problemática reside en discernir en nuestra concepción del bien y del mal. A veces me encuentro pensando que el bien es lo que nos conviene y el mal lo inconveniente, pero ¿como comunidad o como solo individuo hombre individual? Otra vez y todo de vuelta. Nuestra mirada infantilizada que queda ciega al mirar a un tercer horizonte (como podría ser cuarto o quinto) y posa sus ojos cómodamente en esos dos sentidos que tiene a la vista.

Lamentablemente, crecimos y lo maniqueo ya no es todo. Por eso me pregunto, animalito autóctono neuquino, ¿cuándo superamos ese pensamiento taperware que envasa bueno, malo y sus miméticas asociaciones? Lo negro: malo; lo blanco: bueno; lo azul: nene; lo rosa: nena; lo cómodo: verdadero; lo importante, lo primordial, lo valioso, lo desarrollista: dinero, dinero.

Ninfa del Limay

Set-2017

Ser mitológico que emerge los viernes para obligarnos a pensar, eso es la Ninfa del Limay.

Esta suerte de Casandra del columnismo de fin de semana, que habla desde la verdad para que no la escuchemos, persiste en el texto con la lejana esperanza de que al menos en la lectura, nocturna y silenciosa, detengamos nuestro ser ante la perpleja realidad que nos circunda.

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