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… y justicia para todas

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La justicia es injusta decía un viejito que conocí y que estuvo preso por no sé qué cosa. Según él, lo habían agarrado de perejil. Por supuesto que, en general, creemos que todos los delincuentes dicen que son inocentes. También sabemos que existen condenas truchas, simplemente para buscar un culpable o, peor de lo peor, para tapar al verdadero culpable.

En el valle no escapamos a esta práctica. Resulta evidente que la justicia neuquina es selectiva. Para hacerlo más explícito, imaginá que cometés una infracción de tránsito. Podría ser una grave, como manejar bajo los efectos del alcohol. Te para la policía: si sos de esas personas que no piensan en todo momento en el poder, trabajás tranquila o sos estudiante, hay un 99,9% de probabilidades de que se lleven el auto y te apliquen una multa; pero si desempeñás un cargo en el gobierno, municipal o provincial, o mami o papi lo hacen, podés liberarte de la policía con el simple santo y seña “¡soy gobierno!” Parece tonto, pero funciona.

Si cometés un crimen y sos una persona de bajos recursos económicos es posible que el peso de la ley caiga fuertemente sobre vos. Hace poco sucedió un hecho que pudo seguirse en las redes sociales. No es un acontecimiento aislado, pero es de los pocos que han tenido repercusión. Cabe decir que este hecho dejó como consigna que si sos morocho y compraste un perfume es probable que nuestra amada policía primero te pegue hasta reducirte, con bastante saña por chorro, para luego ver que tenés el comprobante de pago del perfume, pero qué va, si la portación de cara pesa más que cualquier pelpa impositivo.

Así pasa también con aquello que podemos hacerle o no a otra persona. Por ejemplo, si sos un adolescente de esos que todo lo sabe y todo lo puede y sos capaz de cometer hechos terribles, asegurate que tus progenitores sean buenos abogados o tengan una cartera de clientes influyentes. Si es así, podés hacer lo que te venga en gana sin remordimientos. Por ejemplo, podés violar a una compañera de tu curso sin ningún problema. Incluso seguir yendo al colegio como si nada. Por supuesto, gracias al poder de quienes te engendraron vas a caminar libre como cualquier hijo de vecino y seguirás acosando a quien quieras porque el peso de la justicia jamás recaerá en vos.

Este accionar, tanto de las fuerzas de seguridad como de jueces y fiscales, demuestra la gran hipocresía en la que vivimos inmersos en pos de una supuesta justicia inexistente que opera con intensidades desde lo nulo hasta lo destructivo. Por eso, como decía el viejito, la justicia es injusta o, mejor dicho, la justicia no es justicia y esta palabra se encuentra en un proceso de resemantización en el que su significado está empezando a asociarse con una actuación según el humano que intervenga. La justicia ya no es un ente ideal, sino un brazo subjetivo al que deberíamos temerle más que a cualquier inseguridad virtual en la que se insiste, ¿y te diste cuenta a qué orden responde?

Ninfa del Limay

Marzo – 2018

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